EN LA LEJANÍA

En la lejanía.
El alba se esfuma,
En la arena.

En la lejanía se escucha una voz. El viento la trae consigo para que toque mis oídos. De veces lo consigue. Otras veces se pierde. En el ruido, en la confusión, entre allá y acá o en la fatalidad del destino. Pero aun perdida, la voz me sigue mirando. Observa mis pasos que recorren la playa sin sentido. ¿A dónde vas? parece preguntarme de a menudo con sus ojos casi llorando. No lo se, respondo cuando no estoy fatigado. No lo se, digo cuando sus ojos son mis ojos. Y cuando digo lo contrario sabe que estoy mintiendo, me sigue observando y gesticula en la lejanía.

No hay quien entienda el mundo. Todo parece exigir soluciones inmediatas y respuestas rápidas. Hoy es ya demasiado tarde. La vida, el tiempo, lo material, incluso la educación parece estar bajo presión. ¿A dónde vamos? es ya una pregunta anticuada pues es una pregunta y no una solución. Es un vaso medio vacío de lo contrario sabría como y que responder. Pues bien: ¡No lo se! Y te contaré un secreto más: ¡Ni lo quiero saber! Tal vez digas que estoy perdido. Que he perdido el rumbo, que he desaprendido a diferenciar la verdad, que me ha alineado el consumo, pero en la lejanía.. en la lejanía sigue habiendo una voz que se entrega al viento para que toque mis oídos. Suavemente me tantea como una calida compañera y me susurra: no hay prisa. Observo el viento como cambia de momento a momento su ritmo, como palpita todo aquello que alcanza con su invisible manto y luego se va aunque se mantenga omnipresente y involuntariamente una breve sonrisa se desliza de mis labios: qué ilusión es aquella querer saber a donde vamos. Democracia, Justicia, Capitalismo, Patriarcado, Feminismo, Neoliberalismo, Negro, Blanco, Azul, Dorado. La historia deja constancia de lo evidente, que por la corriente de la vida todas estas cosas surgen y se desvanecen como las gotas de un río. Surgen y se deshacen una y otra vez como pompas de agua sobre su superficie. Dentro de esta corriente ¿qué valor tiene la rapidez de una solución?. Podría decir que no hay merito en la velocidad y aun así, si intento de ser honesto, he de reconocer que esto no es del todo así. La verdad tiene algo implacable y esto es su inmediatez. Esto se sabe, se huele, se oye, se huele, se mastica, se puede sentir, se experimenta.

Ósea que si respondo no lo se, es porque verdaderamente no lo se. Y no, no es que me de lo mismo. No es que me sea indiferente, no es que me lo este haciendo fácil, no es que piense que sea suficiente. La voz que en la lejanía me está observando, sabe que no es así y me sigue mirando. Intenta enviarme un mensaje y la veo gritar pero su mensaje nuevamente se pierde en la distancia. El viento no obedece a ningún plan. Ella lo sabe y yo lo se y aun así me sigue observando. Por un momento me siento solo y no puedo ocultarlo: ¡que bien hace de vez en cuando la soledad¡ Un refugio que nada exige, que acepta el silencio sin más como respuesta. “No lo se” es una respuesta como el silencio. Enigmática, oculta, distante pero también acogedora, solidaria y reveladora. No vende con tanto éxito como la emoción, pero otorga espacios. Espacios para que nuevas formas puedan acontecer ¿Nuevas?. Me pregunto si la palabra “nuevas” no está demás, pues en realidad todo lo que surge es constantemente nuevo y solo se hace viejo o antiguo cuando con la palabra „nuevas“ aparece la comparación. ¿No es este el instante en el que aparece el tiempo, aquello que impide ver hasta el fondo en el océano de la realidad? Súbitamente me pregunto si no seria esto lo que la voz en la lejanía me quería decir. Que “No lo se” es una respuesta de inmensurable profundidad. Que puede ser una respuesta que da la oportunidad para que lo que aun no tiene nombre se pueda expresar. De serlo así “No lo sé” no sería una expresión de ignorancia si no que sería el fruto de la más alta verdad. Y sí se quiere así podría ser incluso hasta algo más. Podría ser una postura ante la vida, una forma de proteger la verdad, una forma de mantenerse en la integridad o incluso un manifiesto político. En tiempos que exigen respuestas rápidas, que comprobadamente no buscan la verdad sino que solo y únicamente reesforzar un credo especifico o una opinión “No lo se” puede ser un antídoto muy eficaz. El valor de esta respuesta definitivamente no ha sabido ser valorado por la comunicación. Aun así me pregunto si este “No lo se” será suficiente en una época en la cual bajo sabiduría se entiende aprender a amoldar la verdad a la realidad. En tiempos en los cuales la unidad que otorga una creencia común se utiliza como instrumento de poder y con ello como herramienta de la corrupción. En tiempos en los cuales nuevamente se esta haciendo legitimo castigar o incluso matar a otros solo porque no creen lo mismo que los demás. La respuesta a esta pregunta la encuentro en la sincronicidad. Eso me lo han enseñado la voz en la lejanía y el viento. Cuando lejos es cerca y todas partes ningún lugar, el “No lo se” se diluye como una ola fugaz en el alba y lo que queda es la mera acción.

¿Tiene fondo? ¿Crees saber hasta donde llega su profundidad? Los viejos maestros como el viento si que saben responder. Saben que solo hace falta experimentar un instante la verdad y disipado queda el Karma nocivo por toda la eternidad. Libre del lastre del pasado, libre para expirementar sea donde sea todo lo que esté por venir. Hasta entonces queda en nuestras manos el camino a escoger. Si el más rápido o el más lento, si el de la falacia o el de la verdad. Recibimos lo que damos, más no hay que saber. En la lejanía nuevamente escucho una voz. Tan distante y tan cercana a la vez. Alzo la cabeza y sin nada en que apegarse la vista queda libre hasta el horizonte. Solo resta el viento que todo lo toca a mi alrededor. Observo la arena con los ojos de la arena, las aves con los ojos de las aves y todo está tranquilo. La voz en la lejanía por fin se ha apozado, ha dejado de gesticular. Con sus ojos tristes me sigue mirando. En la lejanía.

!Feliz Navidad y un prospero año nuevo, para todo y para tod@s! Gassho

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