MISHAKA

Caso

Mishaka fue el sexto patriarca. En cierta ocasión, el quinto patriarca se dirigió a el con las siguientes palabras:

– Según el Buda “Practicar magia y estudiar lo que carece de importancia es como ser arrastrado por una soga”. Si quieres por tanto, entender aquello que carece de origen, deberás abandonar la pequeña corriente y sumirte cuanto antes en el gran océano.

Al escuchar esto el maestro experimentó el despertar.

Circunstancias
El maestro procedía del centro de la India y era el jefe de ocho mil magos. Cierto día, cuando se hallaba al frente de sus seguidores, se postró respetuosamente ante Daitaka y dijo:
– En vidas anteriores ambos renacimos en el cielo de Brahma. Yo conocí al mago Asita y de el recibí las enseñanzas sobre la magia. Tú, en cambio, encontraste a un discípulo del Buda que poseía los diez poderes y enseñaba la práctica de la meditación. Luego nuestros senderos kármicos se separaron y durante seis eones cada uno de nosotros ha seguido su propio camino.
– Ciertamente hemos estado separados durante muchos eones, pero ahora debes desprenderte de tus errores y aceptar la verdad entrando en la Vía del Buda – respondió el venerable Daitaka.
– En aquella época- prosiguió Mishaka -, Asita dijo que “después de seis eones encontrarás a un compañero y actualizarás el fruto de la pureza del estado de Arhat”. ¿Acaso mi destino no era el de encontrarme contigo? Por esto por lo que apelo a tu compasión y te imploro que me otorgues la liberación.
Entonces el venerable Daitaka le confirió los preceptos y le ordenó monje. Al comienzo, los ocho mil magos se sintieron recelosos, pero apenas el venerable Daitaka hizo gala de sus grandes poderes sobrenaturales, abandonaron toda desconfianza y despertaron al espíritu de la iluminación. En es mismo instante, todos decidieren tomar refugio también en el Dharma y convertirse en sus discípulos. Luego Daitaka dijo: “Según el Buda, “practicar la magia y estudiar lo que carece de importancia es como ser arrastrado por una soga”. Si quieres por tanto, entender aquello que carece de origen, deberás abandonar la pequeña corriente y sumirte cuanto antes en el gran océano”. Cuando el maestro Mishaka escuchó esto, alcanzó la iluminación.

Teisho de Keizan Zenji
Aunque estudies magia, aprendáis a prolongar vuestra vida y podáis apelar a poderes maravillosos y sobrenaturales, solo llegareis a percibir ochenta mil eones en el pasado y ochenta mil eones en el futuro, y nada podréis llegar a saber de lo ocurrido antes o después de ese periodo. Por más que cultivéis la absorción meditativa del estado de percepción y del estado de no percepción y podáis acceder al trance de la no mente y del no pensamiento, sólo conseguiréis un lastimoso reconocimiento en los reinos celestiales de la no percepción y os convertiréis en dioses de larga vida. Aunque logréis desembarazaros de este cuerpo, aún seguiréis sometidos al reino de la conciencia kármica. De este modo no conseguiréis encontrar al Buda ni comprender la Vía y, cuando se hayan agotado los efectos de la conciencia karmica, caeréis en el infierno Avici. Eso es lo mismo que estar atado a una soga y verse arrastrado por ella, algo que nadie equipararía a la verdadera liberación.
Aunque los discípulos del pequeño vehículo obtengan los cuatro frutos y logren el rango de prtyakabuddha, seguirán atados al cuerpo y a la mente y seguirán esforzándose en escapar de la ilusión y alcanzar la iluminación. Es por esto por lo que, desde le momento en que despiertan por vez primera el espíritu de la iluminación, los santos que han logrado el primer fruto deben aguardar ochenta mil eones antes de convertirse en bodhisattvas que, quienes han obtenido el segundo fruto, deben esperar sesenta mil eones hasta convertirse en bodhisatvas y que, quienes alcanzan el tercer fruto, por ultimo, deben aguardar cuarenta mil eones para convertirse en bodhisattvas. Los méritos alcanzados por el pratyekabuddha por su parte, le hacen acreedor a entrar en el sendero del bodhisattva en tan solo diez mil eones, pero desafortunadamente ello tampoco pone fin al movimiento de la rueda del karma. Esto también se asemeja, por tanto, a verse arrastrado por una soga y en modo alguno debe ser considerado como la liberación plena.
Aunque logréis destruir las ochenta y ocho visiones y conceptos erróneos, las impurezas sutiles y las incontables ilusiones hasta que no quede el menor rastro de ellas, eso sólo supondría un esfuerzo condicionado que no conduciría al resultado puro, la budeidad. Y lo mismo podríamos decir con cualquier esfuerzo, como volver a la raíz, regresar a las fuentes o esperar la iluminación.
No os identifiquéis siquiera con la vacuidad porque, de ese modo, os asemejareis a los no budistas que caen en el absurdo por aferrarse unilateralmente a un aspecto particular de la enseñanza de la vacuidad. No os identifiquéis tampoco con la vacuidad propia del Eón vacío anterior al origen del universo porque, en tal caso, os asemejaréis a cadáveres cuyo espíritu todavía no se ha desprendido del todo. No pretendáis poner fin a las ilusiones ni tratéis tampoco de alcanzar la verdadera naturaleza esencial porque, en tal caso, seréis como personas piadosas que tratan de destruir la ignorancia para alcanzar el camino medio. De ese modo solo conseguiréis enturbiar el vacío y mancillar el espacio inmaculado. Será como si abandonaseis vuestra propia casa para vagabundear por tierra extraña, como un convidado pobre embriagado por el vino del ignorancia y la ilusión. ¡Pensad! ¿Cómo podéis afirmar que sois alguien y hablar, al mismo tiempo, del estado “anterior al nacimiento” y del estado “posterior a la muerte”? ¿De que pasado, presente y futuro podes ser conscientes? Desde el nacimiento hasta la muerte sólo existe “esto” y jamás ha habido en ello la menor variación, pero si carecéis de experiencia directa, vuestro sentidos y sus objetos os engañaran y jamás llegaréis a conocer a ese Yo. De ese modo ni siquiera advertiréis lo que se encuentra ante lustras propias narices y tampoco comprenderéis cual es el origen de vuestro cuerpo, de vuestra mente o de las diez mil cosas. En tal caso careceréis de una buena razón para extirpar la ilusión y tampoco tendréis motivo alguno par buscar la iluminación, y obligareis al Buda q que se tome la molestia de manifestarse en este mundo y a que los patriarcas prolonguen indefinidamente sus explicaciones. Mientras sigáis engañados por vuestras ilusiones, no habrá explicaciones que puedan disipar vuestra ignorancia. En realidad, ni sois ignorantes ni habéis tenido un contacto directo con la verdad lo único que ocurre es que os aferrais vanamente a conceptos y pensamientos y no dejáis de discriminar entre lo correcto y lo incorrecto.
¿No os dais cuenta de que, cuando alguien os llama, respondéis y que, apenas se os señala algo con el dedo, miráis en esa misma dirección? Vuestra respuesta no es le fruto de la discriminación ni del esfuerzo consciente, sino que es obra de vuestro Dueño, un Dueño que, pese a carecer de rostro y de rasgos físicos concretos, jamás deja de moverse. Es por esto por lo que la Mente se manifiesta y es llamada “cuerpo”. Cuando el cuerpo aparece, los cuatro grandes elementos, los cinco agregados, la miríada de poros y los trescientos sesenta huesos se agrupan para configurar un cuerpo. Esto es como el resplandor de una joya o el eco de un sonido. Desde le momento del nacimiento hasta el momento de la muerte no crecéis de nada ni tampoco tenéis nada en demasiado. Aunque nazcáis, vuestro nacimiento no tiene principio, y aunque muráis, vuestra muerte tampoco tiene el menor vestigio. Es como las olas que aparecen y se desvanecen sin dejar el menor rastro. Es la misma naturaleza del océano la que hace que las olas, ya sean grandes o pequeñas, aparezcan y desaparezcan.
Así sucede también con vuestra mente, que se halla en constante movimiento sin detenerse jamás y, por esto por lo cual, se manifiesta como piel, carne, huesos y medula. Funciona como los cuatro grandes elementos y los cinco agregados. Puede manifestarse bajo el aspecto de la flor del durazno o del brote de bambú. Actualiza la iluminación recorriendo la Vía e iluminando la Mente. Diferencia entre formas y sonidos, y ella misma es diferente de la visión y la audición. Se halla activa tanto cuando os vestís, coméis, habláis o actuáis. Pero, por más que establece continuamente diferencias, jamás, sin embargo, se separa un ápice de sí misma y, aunque se manifiesta de continuo, tampoco se halla circunscrita a determinados atributos físicos. Es como el mago que realiza infinidad de trucos, como el creador de las imágenes que aparecen en los sueños.
Por más transformaciones que experimenten las imágenes que se reflejan en la superficie de un espejo, este jamás dejara de ser el mismo espejo. Si no entendéis esto y perdéis inútilmente el tiempo con la magia o el estudio de cuestiones triviales, jamás tendréis la menor oportunidad de alcanzar la liberación. ¿Cómo podríais, pues monjes, llegar a liberaros, cuando lo cierto es que jamás habéis estado esclavizados? Desde el mismo comienzo jamás han existido ni la ilusión ni la iluminación. ¿Y no es ese, acaso, el no nacimiento y la no muerte? ¿No es acaso ese el gran océano? ¿Dónde están, entonces, los pequeños arroyuelos? Los países, tan numerosos como las motas de polvo o los átomos, constituyen el mismo océano del universo. El flujo de los riachuelos del valle, de las exuberantes cascadas y de los preciosos ríos contribuye al generoso cuadral del gran océano. No hay que abandonar ningún riachuelo ni tampoco hay que sondear la magnitud del océano. Así fue como, en un abrir y cerrar de ojos, las condiciones kármicas de Mishaka hicieron desaparecer de inmediato todos los obstáculos de su camino, así fue como acabó renunciando a la magia y abandonó el hogar.
Pero todavía hay más. Y es que, si practicáis infatigablemente de este modo, no habrá la menor discrepancia entre vuestra palabras y vuestro pensamientos. Es como el reencuentro de dos viejos amigos o como el yo postrándose ante el Yo. En todo momento os halláis inmersos en el océano de la naturaleza y no os separáis de el ni un solo instante. ¿No os dais cuenta de que, si obráis así, ello sólo puede deberse al efecto de las condiciones kármicas? El gran maestro Ma dijo: “A lo largo de innumerables eones ningún ser vivo ha abandonado un solo instante el samadhi de la naturaleza del Dharma. En este samadhi, los seres se visten, comen, hablan y se comunican entre si. El funcionamiento de las seis bases sensoriales y el desempeño de todas las actividades no es otra cosa más que una expresión de la naturaleza del Dharma”. No penséis, sin embargo, al escuchar esto, que estoy diciendo que los seres sensibles existan dentro de la naturaleza del Dharma. Decir que la “naturaleza del Dharma es diferente de los “seres sensibles” seria lo mismo que decir que el “agua” y las “olas” son distintas. ¿Cómo podría haber la menor diferencia entre el “agua” y las “olas”?

Poema

Quisiera, esta mañana, agregar unas pocas palabras a modo de colofón de esta historia. ¿Queréis escucharlas?

Aunque nuestra pureza fuese tan vasta
Como un diluvio otoñal que anegara los cielos
¿cómo podría compararse al halo
de la luna de una noche de primavera?
Hay muchas personas obsesionadas con la pureza
Pero, por más que se pasen la vida barriendo,
Jamás llegaran a vaciar su mente.

Según: Francis Dojun Cook (2006): Denkoroku (Crónicas de la transmisión de la luz) Maestro Keizan. Barcelona.

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