ANANDA

Ananda era primo de Sidartha y es despues de Mahakashyapa el segundo maestro ancestral. Después de la muerte de Shakyamuni, Kashyapa le dijo a Ananda: “toma asiento y transmítenos las palabras del Buda”. Al escuchar esta petición Ananda, se puso en pie, se postró ante la asamblea de los monjes y ocupó el asiento, desde el que proclamó:

“Así he oído. En cierta ocasión el Buda se encontraba en…” y repitió palabra por palabra todas las enseñanzas transmitidas por el Buda a lo largo de su vida. Cuando Ananda finalizo, Kashyapa preguntó a sus discípulos: “¿Es esto diferente de lo que predicaba el Tathagata?” y los discípulos que, al ser grandes arhats poseedores de los tres tipos de conocimiento espiritual y de los seis poderes no podían olvidar nada, replicaron al unísono: “¿Cómo podríamos distinguir si quien ha hablado es el mismo Tathagata o si se trata de Ananda?” Todos entonces le ensalzaron diciendo: “¡El gran océano del Dharma del Buda ha sido vertido en Ananda! ¡Las palabras de Ananda son las mismas pronunciadas por el Tathagata!”.

En otra ocasión, Ananda le preguntó a Mahakashyapa: “¿Acaso, respetable hermano del Dharma, el Venerado por todo el mundo te transmitió algo más que su kesa de brocados de oro?”. – ¡Ananda! – gritó entonces Kasyapa. Y, cuando Ananda se disponía a responder, prosiguió: – “¡Derriba el mástil que hay frente a la puerta!”. En ese mismo instante, Ananda experimentó un profundo despertar.

Keizan Zenji comenta:

Ananda pensaba que la transmisión del kesa dorado a Kashyapa – un símbolo del hecho de ser un discípulo del buda- era lo único que podía ser transmitido. No obstante, después de seguir a Kashyapa y de cuidar de el, comprendió que algo más estaba transmitiéndose directamente de maestro a discípulo. Entonces fue cuando Kashyapa, dándose cuenta de que había llegado ya el momento, gritó “!Ananda!” Sólo entonces Ananda respondió, como el eco que acompaña al sonido o la chispa que brota al golpear el pedernal. Pero, aunque Kashyapa pronunciara su nombre, en realidad no estaba llamándole y, del mismo modo, su respuesta tampoco puede ser considerada como una respuesta.
En la historia, que hoy nos ocupa, era como si Kashyapa y Ananda se hallaran sosteniendo un debate y enarbolaran sus respectivos estandartes. Si Ananda hubiera vencido, Kashyapa habría tenido que deponer su estandarte ya que, cuando uno avanza, el otro debe retroceder, aunque no es este el caso en la historia que ahora nos ocupa. Si Kashyapa y Ananda fueran mástiles de sus respectivos estandartes, el rostro original jamás podría ser revelando. Cuando un mástil es derribado, otro se revela. Así pues, cuando Kashyapa le dijo que depusiera el mástil de su bandera, Ananda experimento un profundo despertar y maestro y discípulo devinieron uno con la vía. Pero después de este gran despertar, Kashyapa también fue derribado y lo mismo ocurrió con las montañas y los ríos. Como resultado de todo ello, el Kesa del buda se posó espontáneamente sobre los hombros de Ananda.

No debéis por tanto, quedaros en el pie al borde del abismo insondablemente profundo que se abre en vuestro interior. No os apeguéis a la pureza, debéis ir todavía más allá hasta comprender que todas las palabras no son más que ecos. Todos los budas y patriarcas que, generación tras generación, se han sucedido en este mundo, no han dejado de señalar este mismo principio: aunque nadie pueda entenderlo plenamente, la Mente solo puede transmitirse a través de la mente. Pero aunque esas masas de carne – Kashyapa y Ananda sean “la persona” revelada en el mundo como uno o dos rostros, no debéis pensar, sin embargo, que solo ellos son esa persona. Cada uno de vosotros, monjes es el acantilado de diez mil pies de profundidad, los mil cambios y la miríada de transformaciones de “esa persona”. En el mismo momento en que entendáis que es “esa persona” todo se desvanecerá de inmediato. No pretendáis, pues, deponer otro mástil que no seais vosotros mismos.

Segun: Bovay, Kaltenbach, De Smedt (1999): Zen. Práctica y enseñanza, historia y tradición, civilización y perspectivas. Barcelona: Editorial Kairós.
Francis Dojun Cook (2006): Denkoroku (Cronicas de la transmisión de la luz) Maestro Keizan. Barcelona: Editorial Kairós

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