FUNAYASHA

unayasha, el decimoprimero patriarca, se hallaba de pie con las manos unidas frente al venerable Barishiba.

-¿De dónde vienes? – le preguntó Barishiba
-Mi mente – respondió Funayasha – no va ni viene.
-¿Dónde moras entonces? – prosiguió el venerable.
– Mi mente no se mueve ni tampoco permanece quieta.
-¿Estas seguro de ello? – insistió nuevamente,
– En eso coinciden todos los budas – contestó entonces Funayasha
– Pero tú no eres “todos los budas” y, por otra parte, la expresión “todos los budas” es errónea – agregó Barishiba.

Al escuchar esto, Funayasha emprendió una práctica ininterrumpida durante veintiún días hasta llegar a alcanzar el estado inoriginado de todas las cosas, después del cual se dirigió al venerable y dijo:

– “Todos los budas” es una expresión equivocada, pero ellos no son el venerable.
Entonces Barishiba reconoció su iluminación y le transmitió el verdadero Dharma.

Circunstancias

El maestro procedía de reino de Kasi (Magadha). El nombre de su familia era Gotama y su padre se llamaba Ratnakaya. Cuando Barishiba llegó por vez primera a Kasi se detuvo bajo un árbol, señaló hacia el suelo con su mano derecha y, dirigiéndose a los monjes que le acompañaban, dijo: “Cuando este suelo adquiera el color del oro aparecerá un hombre sabio que ingresará en nuestra comunidad”.
Apenas acabó de hablar cuando el suelo se tornó dorado, al tiempo que Funayasha, hijo de un hombre rico, se presentó ante él y unió sus manos en señal de respeto. Entonces el venerable Barishiba recitó el siguiente poema:

El suelo se ha vuelto del color del oro
Testimoniando la presencia de un sabio
Que se sentara bajo el árbol del despertar
En donde florecerá la iluminación
Y alcanzará la plenitud.

Funayasha respondió entonces con otro poema:

El maestro se sienta sobre el suelo dorado
Y predica la auténtica verdad.
La luz de su sabiduría me envuelve,
Me ilumina y me conduce hasta el samadhi.

El venerable entendió perfectamente sus pensamientos y entonces le ordenó monje y le transmitió los preceptos completos.

Teisho

Esta historia nos muestra que Funayasha era un sabio desde el mismo momento en que nació. Por esto por lo dijo: “Mi mente no se mueve ni tampoco permanece quieta. En eso coinciden todos los budas”. No obstante, ésa seguía siendo una visión dualista que presuponía una diferenciación entre la naturaleza de la mente y la naturaleza de los budas. Fue por ese motivo por lo que el venerable Barishiba se vio obligado “a despojar el buey de su arado y a robar la comida del hambriento”. ¿Cómo podrían, quienes tratan de alcanzar la Vía, depender de una entidad externa denominada “todos los budas”, cuando ni siquiera son capaces de ayudarse a si mismos”? Es por esto por lo que la respuesta de Barishiba fue precisamente: “Pero tú no eres todos los budas”.
El razonamiento y la inteligencia son inadecuados para llegar a comprender este punto; para ello no sirven conceptos tales como “no forma”, ni tampoco puede ser comprendido mediante la sabiduría de todos los budas. Es por esto por lo que, tras escuchar las palabras pronunciadas por Barishiba, Funayasha acometió una práctica ininterrumpida sin levantarse de su asiento durante veintiún días. Cuando logró la iluminación, se olvidó de la “mente” y también se liberó de “todos los budas”. Esto es lo que significa la expresión “alcanzar el origen no originado de todas las cosas”. Así llegó Funayasha a comprender este principio y a experimentar la completa ausencia de limitaciones y la transcendencia de sujeto y objeto. Fue entonces cuando expresó su comprensión con las palabras “Todos los budas” es una expresión equivocada, pero ellos no son el venerable”.
La Vía de los patriarcas no puede ser aprehendida mediante la razón ni discernida tampoco a través de la mente. No podéis considerar, por tanto, que expresiones tales como el “cuerpo del Dharma”, la “naturaleza del Dharma” o “las diez mil cosas no una misma Mente” constituyan la verdad absoluta. Si no es posible etiquetarlas siquiera como inmutables o puras ¡cuánto menos podríais definirlas como cesación vacío o como principio supremo! Cuando los sabios de todas las tradiciones acceden plenamente a este dominio, su pensamiento experimenta un vuelco completo y entonces abren y aclaran el reino de la Mente, atraviesan el Umbral del camino y abandonan súbitamente sus propias opiniones personales. Esto es, precisamente, lo que nos muestra la historia de Barishiba. Funayasha ya era un sabio cuando se encontró con Funayasha, por esto la tierra se tornó dorada en cuanto apreció. Su virtud era similar al viento, capaz de mover todas las cosas pero, a pesar de ello, se vio obligado a practicar ininterrumpidamente durante veintiún días más antes de poder acceder a ese estado. ¡Gentes de bien, aclarad y discernid cuidadosamente, y no deis por sentado lo fundamental recurriendo a vuestra pequeña virtud, a vuestra limitada sabiduría, a vuestra propias opiniones y a vuestra viejas actitudes! Proceded con extrema cautela y entonces podréis adentraros por vez primera en este dominio.

Poema

Esta mañana quisiera ofreceros unas humildes palabras para trata de ilustrar este asunto. ¿Querríais escucharlas?

Ni los budas ni vosotros sois mi mente.
Ir y venir moran, por tanto,
desde siempre en su interior.

Según: Francis Dojun Cook (2006): Denkoroku (Crónicas de la transmisión de la luz) Maestro Keizan. Barcelona.

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