EIHEI DOGEN

Dogen Zenji (1200 – 1253)

Ese dominio admirable y resplandeciente
carece de interior y de exterior.
¿Como podría existir, entonces,
cuerpo o mente alguna que abandonar? – Keizan Zenji

En el siglo XII, el monje japonés Dogen fue a China en busca de la autentica enseñanza de Buda. Lo que el había buscado inútilmente en su país lo encontró junto al Maestro Nyojo. De vuelta a su país introdujo la verdadera práctica del Zen. A pesar de que nunca tuvo la intención de encerrar su enseñanza en los límites de una escuela, se convirtió en el fundador del Zen soto japonés.
Perteneciente a una familia aristocrática, Dogen estudio en primer lugar el budismo tendai. Como las enseñanzas que recibía no respondían para nada a lo que el esperaba, se fue a estudiar junto a Eisai, fundador de la escuela rinzai en Japón. Siempre insatisfecho, decidió ir a China.

A su llegada, Dogen permaneció a bordo del barco durante algún tiempo preparando su periplo. Un viejo monje vino a comprar setas japonesas. Con más de setenta años, era cocinero en un templo de las montañas. Su rostro reflejaba una gran profundidad y Dogen quedo impresionado. Como quería hablar con el, le invito a pasar la noche en el barco. El monje le contesto que tenia que volver esa misma tarde al templo para preparar la comida.
“En un gran monasterio como el suyo, dijo Dogen, sin duda tiene que haber otros monjes que puedan reemplazarle. – Soy tenzo, cocinero. ¿Cómo podría dejar a otros lo que yo tengo que hacer? – Venerable monje, dijo Dogen, ¿Por qué una persona de edad como usted tendría quehacer ese trabajo tan agotador en lugar de estudiar los sutras y practicar la Vía?” El monje se echo a reír y dijo: “Joven amigo llegado del extranjero, parece usted ignorar totalmente lo que significa la enseñanza y la practica del Zen!”. Dogen quedó impresionado por esta respuesta que provocó una revolución en su espíritu. Comprendió que la vía esta aquí y ahora en la practica de cada cosa. No hay ninguna necesidad de dar demasiada importancia a la lectura de los sutras o a las ceremonias. Zazen tiene que crear todo y ser la fuente de todas las acciones de la vida cotidiana.
Tras visitar numerosos templos, decepcionado por no haber encontrado un verdadero maestro, Dogen se preparaba para abandonar China cuando se encontró con otro viejo monje que le hablo del Maestro Nyojo. Siguiendo sus consejos, Dogen se dirigió a ver a Nyojo que entonces era superior del templo Keitoku-ji en el monte Tendo. Desde los primeros momentos de su encuentro les unió una profunda intimidad. Un día, en zazen, Nyojo golpeo a un joven monje adormecido gritando: “!Shin jin datsu raku!” (Abandonar cuerpo y espíritu). Dogen despertó súbitamente.
Convertido en el sucesor de Nyojo, Dogen volvió a Japón. Cuando quisieron saber que es lo que había traído, Dogen declaro:
“He vuelto con las manos vacías. Todo lo que puedo deciros es esto: los ojos horizontales y la nariz vertical. Día tras día, el sol sale por el este y el gallo canta al alba. Cada cuatro años el mes de febrero tiene veintinueve días”.
Se retiro al templo de Kennin-ji y escribió el Fukanzazengi, “las reglas universales para la practica de zazen”. Algunos años mas tarde fundo el templo de Eihei-ji, “Templo de la paz eterna”. Después comenzó la redacción de los primeros capítulos de su obra monumental: el Shobogenzo, “El tesoro del ojo de la verdadera Ley”, la obra más importante del Zen Soto.

De: Bovay, Kaltenbach, De Smedt (1999): Zen. Práctica y enseñanza, historia y tradición, civilización y perspectivas. Barcelona: Editorial Kairós.

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