SHONAWASHU

Caso

¿Cuál el al naturaleza original de todos los fenómenos? Preguntó en cierta ocasión Shonawashu (Sanavasa – el tercer patriarca) a Ananda.

Ananda respondío moviendo una mano en dirección al kesa de Shonawashu, pero este nuevamente inquirió:

-¿cuál es la naturaleza original del despertar de los budas? Entonces fue cuando Ananda tiró del borde del kesa de Shonawashu y, en ese mismo momento, el maestro experimento el gran despertar.

Shonawashu procedía de Mathura (India) . Desde el mismo momento de su nacimiento, el maestro iba ataviado con un ropaje que le protegía del calor del verano y del frío invernal, de ahí su nombre Sanaka (-vasa) que, en sanscrito, significa “vestido naturalmente”. Cuando despertó por vez primera el espíritu de la iluminación y abandono el hogar, sus ropajes laicos se transformaron de inmediato en la indumentaria de un monje (como sucedió también en un episodio de la vida de una monja de la época del Buda llamada “Color de Loto”). Según se dice, en una vida anterior Shonawashu había sido un mercader que regalo cien piezas de lana a cien budas, una acción cuyo resultado le llevó a vestir naturalmente esa tela a lo largo de muchas vidas y también durante el llamado “estado intermedio” , un periodo durante el que los seres fallecidos aguardan, despojados de todo ropaje, la llegada de un nuevo renacimiento.

En la India se llama Sanavasa a una planta (que también se conoce con el nombre de “nueve ramas esplendorosas”) y que solo brota cuando nace una persona santa. Esa planta nació al mismo tiempo que Shonawashu y es por esto por lo que el patriarca recibió este nombre. El nacimiento de Shonawashu tuvo lugar después de permanecer durante seis años en el vientre de su madre. Hace ya mucho tiempo, el Venerado por todo e mundo dijo a Ananda, señalando e la direccion de un exuberante y frondoso bosque: “Este bosque se llama Urumanda y, transcurridos cien años después de mi muerte un monje llamado Shonawashu girará la maravillosa rueda del Dharma”. Efectivamente, Shonawashu nacío en ese mismo bosque, lugar en el que recibió la transmision del venerable Ananda, hizo girar la rueda del Dharma y sojuzgo al dragón de fuego que lo custodiaba cumpliendo de ese modo con la predicción realizada por el “Honrado por todo el mundo”.

Circumstancias

El venerable Shonawashu habitaba en las montañas de Himalaya y practicaba la brujería, pero cuando se encontró con el venerable Ananda tuvo lugar la situación referida en el caso que nos ocupa. Antes de el, nadie había preguntado por la naturaleza original y no nacida de todas las cosas. Aunque todos los seres están dotados de esta naturaleza original, nadie, sin embargo, la conoce, y nadie, en consecuencia, puede preguntar por ella. Pero ¿por qué se la denomina “naturaleza no nacida”? Se le denomina así porque, si bien las diez mil cosas surgen de ella, no se halla, sin embargo, sujeta la nacimiento. Se trata de la naturaleza original en la que las montañas no son montañas y los ríos no son ríos. Por esto por lo precisamente tiro Ananda del borde del kesa de Shonawashu.

Teisho de Keizan Zenji

Kesa, es decir, kasaya, el habito del monje) es un termino sanscrito que significa “color indefinido” o “color no nacido” y es por esto por lo que no debéis pensar en el como un color concreto. Bien podríamos decir que se trata del mismo color de la mente, del cuerpo y del entorno que rodea a todas las cosas , desde los budas hasta las hormigas, los mosquitos y las moscas que revolotean en torno a los caballos. En realidad, no hay forma ni color y, por lo tanto, tampoco hay tres esferas de la exigencia a las que renunciar ni fruto alguno de la Vía que alcanzar.
Pero, aunque Shonawashu comprendiera esto, no obstante volvió a preguntar: ¿Cuál es la naturaleza original del despertar de los budas? No nos engañemos porque , si no nos percatamos – aunque solo sea una vez – de la existencia de dicha naturaleza, nuestra misma visión nos confundirá. Es por esto por lo que Shonawashu seguía preguntando por el lugar del que proceden los budas y que Ananda, para mostrarle que los budas responden y se presentan dependiendo de la intensidad de nuestra demanda, asió el borde de su kesa y tiró de el, momento en el cual experimento el gran despertar.
Así pues, por mas claro que lo tengamos, si no llegamos a experimentarlo directamente en algún momento, nunca no daremos cuenta de que nosotros mismos somos las madres de la sabiduría de todos los budas. Este es el principio al que han apuntado ininterrumpidamente, generación tras generación, todos los budas y todos los patriarcas. Y es que, por más que la naturaleza original no pueda ser otorgada ni recibida, es inevitable que, cuando uno se palpe el rostro, tropiece con su propia nariz.

La practica del Zen consite en la practica de la iluminación. Cuando estéis iluminados debereis ir al encuentro de un autentico maestro porque, de lo contrario, sereis como los fantasmas desencarnados que se ocultan en la plantas y moran vanamente en los arboles. Esta historia nos muestra que debemos practicar el Zen sin un objetivo y malgastar así nuestra vida. No instáis, por tanto, en sostener perspectivas ordinarias ni pretendáis tampoco que vuestro punto de vista prevalezca sobre el de los demás.
Quizás creáis que la Vía de los patriarcas del Buda disciernen entre los individuos en función de sus capacidades y que vosotros no sois dignos de ella. Pero esta opinión seria ciertamente la mas estupida de ellas. Pero esta opinión seria ciertamente la mas estupida de todas. ¿Acaso hubo entre nuestros antepasados alguno que no naciera de una madre y un padre) ¿Y acaso ellos no experimentaron, como todos nosotros, sentimientos de amor y de apego o pensamientos de fama y fortuna? A pesar de todo ello, una vez que tomaron la determinación de emprender la práctica del Zen, no cejaron en su empeño hasta alcanzar la iluminación. Desde la India hasta Japón, a través de las épocas del Verdadero Dharma, del Dharma Falsificado y del Dharma Degradado, son tantos los santos y sabios que han alcanzado la iluminación que llegarían a cubrir las montanos y el océano. Vosotros, monjes dotados de ojos y oidos, no sois en modo alguno diferentes de los antiguos. Vayáis a donde vayáis puede decirse que sois personas competas, el mimos Kasyapa y el mismo Ananda. ¿Por qué entonces, si los cuatro grandes elementos y los cinco agregados de los que ellos estaban compuestos, no son diferentes a los vuestros, habríais de ser distintos en lo que respecta a la Vía?
Si no profundizáis en este punto y os esforzais en la vía, no solo despredicareis vuestro cuerpo humano – que tan difícil resulta obtener -, sino que tampoco entenderéis que se trata de una expresión del Yo. Es la necesidad de no caer en la negligencia la que llevo a Ananda a tomar a Kasyapa como su maestro y la que a su vez, hizo que Shonawashu siguiese a Ananda. Así es como el camino ha ido transmitiéndose de maestro a discípulo. El Tesoro del Ojo del Verdadero Dharma y la maravillosa mente del nirvana que han llegado hasta nosotros no son diferentes de los de la época en que vivía el Buda. No os sintáis, por tanto, apesadumbrados por no haber nacido en esa época, porque en el pasado sobrasteis las semillas y establecisteis las condiciones apropiadas para el logro de la prajna (Sabiduria). Eso es, de hecho, lo que os ha traído hasta le monasterio de Daijo. Ciertamente, es como si estuvieseis junto a Kasyapa y al lado de Ananda. Sí pues aunque, en esta ocasión, no seáis más que huéspedes e invitados, en vidas anteriores fuisteis los mismos patriarcas del Buda. No sigáis, por tanto, atados a sentimientos relativos al pasado o al presente ni os apeguéis a los sonidos y las formas. No malgastéis en vano vuestros días y vuestras noches. Perseverad celosamente en la Vía, alcanzad la espera ultima de los antiguos y aceptad la promesa de que finalmente alcanzareis la budeidad y el sello autentificador de Tettsu Gikai, maestro presente de Daijo-ji.

Poema

Me gustaría ilustra esta historia con un humilde poema. ¿Queréis escucharlo?

El río sin origen se despena con estruendo
Por un acantilado de diez mil pies
y pule las piedras, dispersa las nubes
y barre la nieve, esparciendo las flores por los aires.
Se asemeja a una cinta de pura seda blanca
meciéndose más allá del polvo.


Según: Francis Dojun Cook (2006): Denkoroku (Crónicas de la transmisión de la luz) Maestro Keizan. Barcelona.

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