BARISHIBA

El décimo maestro ancestral después del Buda es Barishiba, asistente durante tres años del venerable Fudamitta, un tiempo en el que nunca se acostó a dormir. Cierto día, el venerable Fudamitta estaba recitando un Sutra y, cuando Barishiba escucho su disertación acerca de la naturaleza inoriginada de todas las cosas, experimento el despertar.

Barishiba comenzó a crecer siendo ya viejo y, cuando despertó por primera vez la aspiración a la iluminación, todo el mundo le dijo:

-Ya eres un anciano. ¿Por qué pierdes el tiempo tratando de convertirte en monje? Hay dos tipos de monjes, quienes practican la meditación y quienes se dedican a recitar Sutra, y tu no perteneces a ninguno de ellos.

Cuando Barishiba escuchó estas burlas formuló el siguiente voto:

– Soy un monje y mis costillas jamás se acostaran a descansar en la esterilla hasta que no logre alcanzar el conocimiento pleno de las tres clases de textos sagrados budistas y adquiera los tres tipos de conocimiento espiritual.

Después de tomar esta determinación, Barishiba se dedicó a recitar y estudiar Sutra durante el dia y a la meditación y la contemplación durante la noche y, en todo ese tiempo, nunca se acostó a dormir. Cuando formuló sus votos de monje, una auspiciosa luz iluminó el sitial en que meditaba y vio frente a el veintiuna reliquias. A partir de auque momento se dedicó a practicar diligentemente durante tres años hasta conseguir su objetivo sin dejar que la fatiga le abatiera. Cierto día, el venerable Fudamitta se hallaba recitando un Sutra y, cuando Barishiba le escuchó exponer la parte relativa a la ausencia de nacimiento y muerte, experimentó el despertar. Así fue como alcanzó el rango de décimo maestro ancestral.

Comentarios de Keizan Zenji:

La Vía de los patriarcas está, en los tiempos recientes, en franca decadencia y es por esto por lo que, en la actualidad, son muchas personas que creen que basta con comprender una frase o un principio. Pero estas personas son como discípulos arrogantes, citados en el Sutra del loto, que abandonaron la asamblea durante la predica del Buda. ¡Permaneced, pues, muy atentos!

¿Acaso ignoráis aquella expresión que dice que “la Vía es como las montañas que, cuanto mas se escalan, mas elevadas parecen” y aquella otra que afirma que “el merito es como el océano porque, cuanto mas te sumerges en el, mayor parece su profundidad”? pero si os zambullís en las profundidades llegareis hasta el fondo y si escaláis a las alturas alcanzareis la cima. Solo entonces podréis ser llamados por vez primera discípulos de Buda. No rechacéis, pues, en vano vuestro cuerpo y vuestra mente, porque todo sin excepción es un recipiente del Dharma y cada día es mejor.

La práctica diligente es la que determina quienes llegaran o no hasta el fondo. Pero como ilustra el ejemplo de Barishiba esto no necesariamente tiene que ver con quien sea la persona o con la adecuación al momento. Pese a que Barishiba era un anciano que había superado los cientocuarenta años, su incomparable y tenaz resolución le permitió concluir su práctica y su estudio en una sola vida. Según se dice, su anciano cuerpo sirvio a Fudamitta durante tres años sin acostarse a dormir un solo instante. Hoy en día, sin embargo, la gente es negligente y mucho mas todavía los ancianos. Recordad, pues a aquellos valerosos maestros del pasado – como Barishiba y no prestéis atención a las molestias que os deparen el frío o el calor. No penséis que vuestra mente es inadecuada ni reparéis tampoco en que podéis morir en el intento. Solo de ese modo llegareis a convertiros , si realmente buscáis la antigua Vía y os fundís con ella, en patriarcas del Buda.

También se dice que Barishiba “recita Sutras”. Pero “recitar los Sutras” no tiene nada que ver con la mera repetición verbal o con sostener un Sutra entre las manos pasando silenciosamente pagina tras pagina sino, muy al contrario, con morar atentamente en la mansión de los patriarcas del Buda, no obrar en vano en el dominio de la forma o del sonido, o en el seno de la ignorancia. Leer los Sutras significa despertar la visión de la Prajna en todas partes e iluminar en todo momento el fundamento de la Mente. Cuando realmente practiquéis de ese modo día y noche como si vuestra misma vida dependiera de ello, experimentareis plenamente vuestra naturaleza esencial que se encuentra mas allá del nacimiento y de la muerte

¿Acaso no os dais cuenta de que, aunque nacemos, no hay ningún otro lugar del que procedamos a de que, aunque muramos, tampoco existe lugar alguno al que podamos ir? Nacemos y morimos de acuerdo a las condiciones, y el surgimiento y la cesación no se detienen ni un solo instante. El nacimiento, por tanto, no es un simple nacimiento, y la muerte tampoco una simple muerte. Que vuestra práctica y vuestro estudio no reposen en el nacimiento y la muerte ordinarios porque, de lo contrario, os quedareis estancados en la comprensión ordinaria. Sin embargo, de ese tesoro de luz resplandeciente deviene comprensión, sonidos y formas ordinarias. En tal casos cuando esa luz destella en vuestros ojos, el mundo se engalana con formas y colores; cuando resuena en vuestros oídos, os percatáis de que todos los sonidos son Buda; cuando son vuestras manos las que la desprenden, os transformáis a vosotros mismos y a los demás y cuando son vuestros pies los que la irradian, avanzáis y retrocedéis con casa uno de vuestros pasos.

Quisiera hoy añadir unas pocas palabras que tienen que ver con este asunto: Os gustaría escucharlas?

Girar y girar rollos y mas rollos de Sutras!
Nacer aquí y morir allá
Simples frases y meros capítulos

Francis Dojun Cook (2006): Denkoroku (Cronicas de la transmisión de la luz) Maestro Keizan. Barcelona.

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