KUMORATA

El venerable Kumorata fue el decimonoveno patriarca. En cierta ocasión, Kayashata se dirigió a el del siguiente modo:

Hace mucho tiempo, el Venerado por todo el mundo predijo: „Cien años después de mi muerte nacerá en Tokhara un gran ser que heredará y promoverá la enseñanza profunda“. Afortunado tu, que me has encontrado.

Al escuchar esto, el maestro adquirió pleno conocimiento de sus vidas anteriores.

Circunstancias

El maestro había nacido en Tokhara y pertenecía a la casta de los brahmines. Hace mucho tiempo, cuando era un ser celestial que moraba en el cielo llamado Parnirmita-vasavartin (el sexto cielo de la esfera del deseo), vio el collar de piedras preciosas de un bodhisattva y sintió apego por el. Como resultado de ese apego descendió de esa esfera celestial y renació en el cielo denominado Trayastrimsas (el segundo cielo de la esfera del deseo). Allí escuchó a Indra predicar el Sutra de la perfección de la sabiduría y pudo darse cuenta de su superioridad. Por eso por lo que ascendió al reino celestial de los Brahmadevas (ubicado en la esfera de la forma). El maestro era muy inteligente y fue capaz de predicar los fundamentos del Dharma. De este modo, los seres celestiales le hicieron el honor de convertirlo en su maestro y, cuando llegó el momento en que debía ocupar su rango de patriarca, descendió de los reinos celestiales y renacío en Tokhara.

El decimoctavo patriarca, por su parte, se hallaba impartiendo la enseñanza cuando llegó a Tokhara. Una vez allí, percibió un clima extraño en torno de la casa de un brahmin y se dispuso a entrar en ella. Entonces apareció Kumorata y le preguntó:

– ¿Quiénes son tus seguidores?
– ¿Son los seguidores del Buda – replicó el venerable.

Cuando Kumorata escuchó este nombre cerró la puerta invadido por el temor. El venerable esperó un poco y luego llamó a la puerta.

No hay nadie en casa – respondió Kumorata
¿Quién dice “nadie”? – replicó el venerable.

Cuando Kumorata escuchó esto se percató de que su interlocutor debía de ser una persona extraordinaria, de modo que abrió la puerta con prontitud y se postró ante él. En aquel momento tuvo lugar el episodio que hemos relatado anteriormente en el que Kumorata cobró conciencia de sus vidas anteriores.

Teisho

Debéis reflexionar atentamente sobre esta historia ya que, aunque lograseis aclarar los nombres y palabras y la idas y venidas del nacimiento y la muerte de la Persona Verdadera, si no acertáis a entender el hecho de que vuestra naturaleza intrínseca es vacía, brillante, maravillosa e inmensa, jamás llegareis a entender cual es la Mente que los budas tratan de transmitir. Por consiguiente Kumorata se sintió maravillado al ver a los bodhisattvas emitiendo luz y, como todavía no se había desprendido de los tres venenos del apego, el rechazo y la ignorancia, cuando contemplo las treinta y dos marcas mayores y las ochenta y cuatro menores del cuerpo de los budas, se despertaron en el sentimientos de apego. Si retrocedemos al pasado de Kumorata recordaremos que el maestro cayó desde la morada celestial del Trayastrimas debido al apego. No obstante, a causa de los meritos acumulados en vidas anteriores, cuando escuchó a Indra exponer el Dharma ascendió al reino de los bramaderas y finalmente renació en Tokhara. Así pues, los meritos acumulados por Kumorata en el pasado se vieron recompensados por su encuentro con el decimoctavo patriarca y el conocimiento de sus vidas anteriores.
Quizás alguien pueda pensar que, cuando hablamos del “conocimiento de las vidas anteriores”, nos estamos refiriendo al conocimiento del pasado o del futuro en el sentido usual de esos términos. ¿Pero que valor podría tener tal cosa? Si únicamente os percataseis de que la naturaleza original e inmutable del Yo no es ni santa ni ordinaria, ignorante ni iluminada, llegareis a comprender que todas las enseñanzas y todos los principios nacen en la Mente. Es por esto por lo que, tanto la ilusión de los seres ordinarios como la iluminación de los budas, mora en la pulgada cuadrada de vuestra mente y no pertenece en absoluto a los sentidos, a sus objetos, a la mente y pertenece en absoluto a los sentidos, a sus objetos, a la mente o a su dominio. ¿Cómo podríais, llegados a este punto, hablar en términos de “pasado”, de “presente”, de “budas” o de “seres ordinarios”? No existe nada, en última instancia, que empañe vuestra visión, ni mota de polvo que manche vuestras manos. La Mente vacía y resplandeciente es inmensa e ilimitada, es el Tathagata eterno y perfecto que mora idéntico todos los seres sensibles, que están iluminados desde siempre. De este modo, cuando hay comprensión nada aumenta cuando no la hay nada mengua. „Adquirir el conocimiento de las vidas anteriores“ significa pues, llegar entender que esto ha sido así desde siempre.

Si no llegáis a penetrar en este domino os veréis constantemente desasosegados por todo tipo de sentimientos relativos a la ilusión y al despertar. Entonces os dejareis arrastrar por los signos del pasado y del futuro, no comprenderéis, en sumo, que existe un Yo varadero ni tampoco aclarareis el hecho de que en la Mente esencial, no puede haber confusión alguna. De este modo obligareis a que los budas se tomen la molestia de aparecer en este mundo y habréis sido la causa de que el patriarca Bodhidharma viniera de Occidente desde hace ya mucho tiempo. Este, y no otro, es el autentico significado de la aparición del Buda en nuestro mundo y la intención original del viaje efectuado por Bodhidharma desde Occidente. Debéis, pues, ser muy cuidadosos y llegar a entender que la Mente original es profundamente inteligente, carece de error, es resplandeciente y no puede ser ocultada. Así pues, el sentido de la frase „adquirir el conocimiento de las vidas anteriores“ consiste en entender la naturaleza de esta resplandeciente luminosidad original.


Poema

Hoy también tengo unas humildes palabras con las que quisiera ahondar un poco más este principio. ¿Os gustaría escucharlas?

En vidas pasadas se despojó de un cuerpo tras otro
Y hoy finalmente ha encontrado a su Viejo Compañero.

Keizan Jokin – Denkoroku (Crónicas de la transmisión de la luz): Traducción: Francis Dojun Cook. 2006. Barcelona.

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