CIENCIA Y ZEN

En una plaza.
Grande y multicolor.
Un elefante.

El fuego no fue creado por el hombre, el fuego es un elemento básico, como el agua, el aire y la tierra lo son. La electricidad no fue inventada por el ser humano, la electricidad es un fenómeno natural. America no fue descubierta por nadie, el continente al que se le pasó a llamar America existía ya. La gravedad no era algo nuevo cuando Newton vio la manzana caer, la gravedad es algo que existe ya mucho antes que la humanidad. El científico se dio cuenta de ello y a partir de este darse cuenta pudo formular la ley de la gravitación universal. Algunas veces es tan evidente que hay muchas cosas que son obvias pero que aun así no las podemos ver como tal. Sea en la religión, en la ciencia o en la razón. Hay tantas cosas que no las podemos ver aunque siempre hayan estado ahí. Tan cercanas, tan familiares, tan intimas y a pesar de todo tan lejanas a la vez. Me pregunto porqué será así.

Hay incluso cosas que se les podría llamar exclusivas del ser humano y que le caracterizan, como la razón y que incluso así no llegamos a comprenderlas en su envergadura total. Muchas veces sentimos que la emoción nos dice una cosa y el intelecto otra, distinguimos entre lo que nos dice el sentido común y lo que nos dice el corazón. Sentimos que hay en alguna parte una contradicción así que buscamos. Buscamos porque hemos aprendido que si hay algo que no sabemos lo único que hay que hacer es buscar. Pero buscamos dentro del desbalance de la razón racional sin aceptar la empatía y la intuición como elementos igual de importantes que la racionalidad. ¿A quien le sorprende así que confundimos el encontrar con el descubrir? Muchas veces es aquello a lo que llamamos descubrimiento en realidad algo muy evidente y que existía ya, solo que antes no lo podíamos ver. Quizás porque buscamos dentro de lo que conocemos. Buscamos dentro del pasado, dentro de lo que hemos aceptado como plausible, dentro del conocimiento heredado. Buscamos y algunas veces hasta encontramos, pero sea como sea seguimos moviéndonos dentro de los limites que establece la dualidad.

Aun así creo que podemos ir más allá. Podemos ir más allá e incluso partiendo de un punto en el que podemos atrevernos a decir que si las enseñanzas del budismo no están en concordancia con la razón, no sirven. Podemos decir incluso que si con los métodos de la ciencia se comprobase que alguna enseñanza del budismo no tiene validez, habría que rechazarla. Incluso visto desde la razón racional las enseñanzas budistas deben conservar su validez. Incluso visto desde la ciencia que separa entre lo observado y el observador y que por tanto estimula el acumulo de información en vez de la experiencia real, las enseñanzas budistas deben mantener su lógica. Otra cosa es que el punto de partida, la lógica, no tiene porque ser limitada a la racionalidad. En la racionalidad el aprender esta limitado a la acumulación de información, sin incluir la posibilidad de que aprender sea un proceso de constante transformación – de un aprendizaje sin cesar.

Es aquí donde nos encontramos nuevamente con el instante presente ya que el continuo aprendizaje es algo que solo puede ocurrir en el aquí y ahora. El presente instante libre del afán por controlar ya que querer controlar implica ya de raíz separar y dividir. Implica exclusión, rechazo, en lo exterior entre lo controlable y lo incontrolable, en lo interior entre el que desea controlar y lo que aspiramos por controlar. El presente instante libre incluso del deseo de buscar ya que detrás del buscar siempre está en algún lado la mente que busca provecho, la mente que busca aprovechar. ¿Por qué deseo buscar? En lo superficial, el lo profundo, el lo material, en lo místico ¿porqué? Nuevamente se puede observar como se mueve la mente dentro de los limites que establece la mente dual. Dentro de los limites de lo conveniente. ¿Por qué menciono todo esto? Simplemente para señalar que la investigación real, el verdadero progreso requiere de absoluta libertad. La libertad para ir más allá de la razón-racionalidad, más allá del pensamiento de manada que muchas veces influye en nuestra manera de pensar, para llegar a una comprensión más amplia de lo que puede ser la razón. Aquella razón en la cual la empatía, la intuición y la racionalidad no están separadas sino que en sintonía. La razón en la cual absolutamente todo esta en sintonía. Tanto en el interior como en exterior. Tanto en el sentimiento, el pensamiento como en la acción. Es aquí donde podemos darnos cuenta de verdad. Donde el verdadero aprendizaje puede acontecer. Algo que si observamos con atención no puede ocurrir con la atención perdida en el exterior. Tiene que haber un orden determinado en la observación. Se requiere interiorizar, mirar desde lo que ocurre en nuestro interior para ver en toda dirección sin que haya separación. Este es el punto en el cual nos encontramos con el maestro en nuestra tradición. El maestro no es alguien que nos da la comprensión, sino que la comprensión llega por que no damos cuenta de que está ahí.

Pongo a prueba la compatibilidad que existe entre las enseñanzas tradicionales del Zen con la ciencia y la razón. Me pregunto ¿qué sentido tiene servir ofrendas a los Budas de la antigüedad? Súbitamente me doy cuenta que más allá de cualquier misticismo, más allá de cualquier división en el tiempo, ya con la pregunta se actualiza en mi la comprensión sobre porque el budismo es una religión de la realidad. En la más inmediata realidad servir ofrendas a los antepasados expresa en el mismo acto inmediatamente la confianza y la fe que una persona tiene en la practica y en las enseñanzas del primer maestro de nuestra tradición.

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