TREINTA Y CINCO


¿Subir o bajar?
Siempre habrán ventanas,
Que falta limpiar.

El maestro Joshu dijo:
– Quiero responder preguntas. Si quieren saber algo, por favor pregunten.

Un monje salio hacia adelante y se postró frente al maestro.
El maestro Joshu dijo:

– Tu aspiras recibir diamantes a cambio de tirar un ladrillo. Pero has sacado un ladrillo de arcilla y que aun ni ha sido quemado.

A posterior el maestro se bajó de su silla.
Un poco más tarde el maestro Hogen le contó este episodio al maestro Kaku Tesu Shi y le preguntó:
– ¿Cuál es el significado de esta historia?

El maestro Kaku dijo:
-Tu, maestro Hogen, eres ya excelente. Si te contase el significado, seria como si el Estado se estuviese postrando frente a un General. Cuando preguntas: “¿Hay alguien que puede comprender esta historia?” y alguien responde “la he comprendido” yo le diría: “Oh no, no lo has entendido”.

El maestro Hogen dijo:
– He entendido.

Sin un antes y después, todo cambia en todo instante. Lo hace la naturaleza, lo hacen las circunstancias y ¿cómo no? también cambia constantemente la comprensión. Lo que hace un instante era la más alta verdad, solo en un parpadear de ojos ya no lo es. Acontece con la felicidad, ocurre con la libre expresión y sucede incluso con el silencio. Existe el silencio de la comprensión y el silencio de la ignorancia. De la misma manera existe también el silencio amoroso que es el silencio incondicional al igual que también hay el silencio del miedo que es a la vez es el silencio de la conquista y que es el mismo silencio que el de la corrupción.

El maestro Joshu un día le pide a sus discípulos que le pregunten algo para comprobar su comprensión. Un monje sale adelante y en vez de preguntar se postra frente al maestro. Este intuyendo que el monje solo había comprendido intelectualmente le recrimina su mente ansiosa en busqueda de provecho y reconocimiento exterior. El maestro Hogen le cuenta esta historia al maestro Kaku Tesu Shi y le pide una explicación. El maestro Kaku le dice que lo considera un maestro excelente por lo cual darle una explicación sería tan fuera de lugar como si el Estado se postrase frente a un General en vez que el General se postrase frente al Estado por lo cual no sería posible darle una explicación. Y es que la experiencia de la verdad va mucho más allá de la comprensión intelectual. Va más allá de cualquier moral, más allá de cualquier concepto, más allá de cualquier comprensión. A la vez este es un punto donde muchos nos equivocamos: creyendo haber comprendido algo, nos vamos de un extremo al otro como siempre suele ocurrir dentro de la dualidad deduciendo que la comprensión intelectual no tiene ningún valor. Sin darnos cuenta ponemos de esta manera nuevamente nuestra autonomía, nuestra libertad y con ello nuestra felicidad en manos ajenas a merced de la casualidad, quizás.

No, la vía del Zen no tiene fin. Razón por la si alguien piensa haber alcanzado algo en esta senda, algo no ha comprendido aun. Realmente no existe un superior o inferior, no hay una senda mejor, no puede haber una creencia más o menos cierta que otra pues todo concepto esta sujeto al proceso de constante transformación. De igual manera la senda del Zen no tiene comienzo. Algunos dicen que antes de la palabra estaba el silencio, aluden que el silencio es el telón de fondo para todo lo que acontece no solo para la comunicación. Pero dudo seriamente de esta conclusión. Dudo ya que de afirmarlo ¿no implicaría sostener que existe un antes y un después? Dudo y no solo porque no creo ni en el Big Bang. Algunas veces la verdad detrás de la verdad solo puede ser alcanzada a través de la inseguridad. Sumergiendonos en la incerteza absoluta, en el abismo de la ignorancia, en el cuestionamiento constante incluso de lo que es la Fe. Algo nuevo acontece. Algo nuevo aparece ¿Algo nuevo? ¿De veras? ¿O es que siempre a estado aquí?.

Según: Shinji Shobogenzo – Caso 35 de la colección de 301 Koan de Dogen Zenji.

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