DOCTRINA ZEN

Quedarse, entrar.
Es un pequeño paso.
Eso, y nada más.

¿El pasado? Que se quede solo lo imprescindible pues en realidad ya se ha ido. ¿El presente? Que se quede pero que no se quede ahí parado sin entrar. ¿El futuro? ¿de que sirve especular, si lo que proyecto está en función de como he dormido, de lo que he comido, de como he amado, de como he vivido? No, no es el horizonte el que está triste, no es la lluvia lo que moja un corazón ardiente. La juventud no tiene porque pasar en vano. El agua hace solo lo que suele hacer el agua cuando cae. Se encuentra con la tierra, corre, fluye, pero no limpia las piedras, no las lava. Y es que la piedras son parte del agua, son la orilla, son lo que guía al río y por ende no hay en ellas suciedad.

Caminando, un día Hui Neng escuchó a dos monjes hablando sobre el viento que agitaba una bandera. Uno decía que era el viento el que se movía, mientras que el otro afirmaba que la que se movía era la bandera. Hui Neng se les acerco y se dirigió a ellos diciendo: „Si un humilde laico pudiera interrumpir vuestra elevada discusión os diría que no es la bandera ni el viento sino que vuestras mentes lo que se esta moviendo“. Palabras que todo quien estudia el budismo debe revisarlas con una atención que va más allá de la limitaciones que impone el tiempo o las diferencias entre lo interior y lo exterior. Y es que hoy en día sigue siendo muy popular pensar que un cambio de conciencia es solo posible a travez del dialogo. Se dice algunas veces que la ausencia de una doctrina puede ser incluso un peligro porque las diferencias se superan solo a travez de la polémica, exponiendo y revisando las diferente doctrinas una y otra vez. Lo que hasta cierto punto esta claro pero que no obstante deja inconsiderado el hecho que ya mucho antes de que la palabra haya sido expresada, las emociones y las sensaciones ya han estado presentes influyendo sobre nuestra percepción de la realidad. Para comprobar lo dicho miremos hacia el futuro, hacia el porvenir y el horizonte de nuestra mente siempre puede ser visto como una posibilidad o como un peligro. Siempre puede ser un lugar prometedor y de esperanza o un sitio frágil e inseguro donde solo escasamente tenemos control sobre nuestras vidas, en el peor de los casos incluso a merced de personas que están dispuestos a sacrificarnos en pos a sus objetivos. Ahora la pregunta que surge es ¿porque adoptamos una posición o la otra?. O para ser mas concreto me pregunto ¿de donde surgen los trastornos sociales como el racismo, la xenofobia o el clasismo? Hay algunos que dicen que vienen de la emigración. Otros dicen que de la casualidad, unos dicen que del afán al poder, otros le llaman el karma, la socialización o la educación, otros dicen que es el destino. Yo prefiero decir que es el apego a los sentidos. Llegando a esta conclusión, alguien podría afirmar que es aquí donde acontece la ya citada peligrosisima ausencia de doctrina por lo que me detengo y me cuestiono que es lo que hay más allá del idealismo y el materialismo que invoca la moral¿un lugar ausente de ética o de compasión hacia los demás?. No. Al contrario quizás pues aquí, al borde de la realidad y la ficción podemos comprobar que las doctrinas aparecen muchas veces para justificar emociones ya presentes con antelación. Despertamos. Arribamos a un espacio que no se limita a la reacción. Desde la integra entrega con cuerpo y mente al universo nace lo que podemos llamar verdaderamente puro, o digno o integro si se quiere expresar así. Y esto si es algo en lo que se puede confiar, depositar nuestra esperanza o alimentar con nuestra Fe. Algo necesario si deseamos aclarar muchas otras incógnitas que se presentan desde más allá de la dualidad. Ahí donde llegamos a la conclusión que el „Yo“ en realidad es algo que cambia de instante a instante, que existe en una red de relaciones interdependientes naturalmente nos preguntamos también que es eso a lo que llamamos „Los demás“. Una faceta del yo, si, pero ademas también algo que cambia de instante a instante, algo que acontece, algo a lo que pertenecemos y por ende ¿que si no algo a lo que podemos o hasta quizás debamos contribuir?

A la lluvia, el agua, las piedras y la yedra les une el silencio. Cuando llueve aquí lo hace también allá. Aun así con la tristeza no llega solo la melancolía sino que también el silencio y sin un antes y después también la felicidad. ¿Estoy perdido? Solo si me dejo llevar. ¿Estoy atrapado? Solo si no me atrevo a entrar.

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