CIRCUMSTANCIAS

Se abre de día,

Se cierra de noche,

La flor de agua. 

Qué sería del lirío blanco sin el agua? ¿Sin el lodo, sin la luz del sol, sin en el verano en el que crece?. ¿Qué sería del invierno sin el viento frio? sin la montaña, sin las nubes, sin la lluvia y sin la luna blanca que brilla en la noche?. A los que practicamos el budismo zen se nos pregunta de vez en cuando, quizás interpretando la renuncia como perdida, porque renunciamos a tantas cosas. Y la verdad es que lo en primera instancia llamamos renuncia pierde su sentido de perdida cuando se comienza a ver lo compleja y sofisticada que puede ser la simpleza. Cuando empezamos a comprender que porque todo esta constantemente en conexión con todo hasta las contradicciones son siempre solo una cuestión de perspectiva. No, no es ni necesario como tampoco es posible querer volver al pasado pero lo que si podemos es reconocer que la aceptación de ambigüedad de nuestra identidad no es la enfermedad sino que parte de la cura. 

Dudo por lo que le pregunto a la Inteligencia Artificial (IA) ¿Que es la ambigüedad? y me responde que es una palabra, una frase o un comportamiento confuso en el que la claridad se ausenta. Se equivoca. Y me doy cuenta que falla porque asume que la claridad no acepta interpretaciones diferentes. Me pregunto si no es aquíí donde ya se puede observar el dilema en el que como civilización nos encontramos: la perdida de diversidad por una parte y el afán por lo univoco por la otra. Excluir lo diferente, invalidar al otro, hacerlo más pequeño, evidencia desde esta perspectiva porque se habla de una perdida cuando a la perdida de diversidad se refiere. Nos privamos a nosotros mismos a tener acceso a la dicha de una vida vivida de manera plena y no solo eso pues al no aceptar lo ambiguo automáticamente aceptamos un enfoque en una ilusión que nunca termina: luchamos unos contra otros por alcanzar un dominio que jamás pueda ser alcanzado porque justamente ilusorio.

Sí, la perdida de una interpretación ambigua siempre es una perdida. Al igual que es una perdida no aceptar que la pregunta ¿qué es la verdad? siempre tiene múltiples respuestas.  Al igual que es una perdida no aceptar que la pregunta ¿hasta dónde debemos practicar las verdades? siempre ha de estar presente cuando la intención es indagar en la verdad de manera sincera y entregada. Con otras palabras, por supuesto, la tarea es exigente, si, aun así no del todo imposible pues así como el silencio, también el arte y la poesía saben cómo expresarlo. Es cuando la poesía deja de ser una aglomeración de palabras bonitas y el silencio refleja inequívocamente que este instante es un momento irrepetible, único y en realidad inexpresable y que solo puede ser vivido. 

A quienes practicamos el budismo Zen algunas veces se nos pregunta porque le damos tanta importancia a las formas. ¿Por qué es tan importante esforzarse para practicar en un lugar tranquilo, en el cual no entren ni lluvia ni el viento? ¿Por qué el lugar de practica debe estar limpio, ni demasiado claro, ni demasiado oscuro? Simplemente, porque las circunstancias no solo influyen sobre la manera como interpretamos la realidad sino que le dan forma y la moldean. Dicho de otra manera: con todas sus facetas, nosotros mismos somos las circunstancias que creamos. Como una flor solitaria que en realidad nunca está sola pues de día le acompaña la luz de sol y de noche los rayos de la luna. Como el viento frio de invierno que siempre está acompañado por la nubes, la lluvia, el campo y la montaña. 

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