FLUYENDO

Al amanecer,

Se mueve en silencio,

El rio fluyendo.

Del rio que eternamente fluye dicen que huye hacia lo infinito. Dicen que la pureza de aquello que constantemente fluye es fría, sin compasión y errante. Como si en el silencio de cada madrugada no hubiese algo que hermana a lo civilizado con lo salvaje. Como si en este mismo instante no se moviese el aliento junto a la madrugada. Quizás no saben que todo lo que fluye constantemente es justamente lo que llena de plenitud a todo lo que el pensamiento toca. Sea al viento fresco de primavera o sea a los aires de cambio que trae consigo el otoño. En mi viaje, llegando aquí a este momento, siento que tal vez haya de ser más preciso, por eso: no, no es necesario abandonar una utopía que nos da la fuerza necesaria para seguir caminando, para seguir fluyendo. Nada de eso. Al igual que no es necesario saber que traerá la primavera para disfrutar del esplendor que otorga la inseguridad que se entrega incondicionalmente a lo que eternamente fluye. 

El viaje de la vida mismo es un eternamente estar fluyendo. De sucesos en sucesos, de causas en condiciones y de nuevas condiciones en nuevas causas. Fluyendo, así como en realidad no solo en nuestras vidas, sino que en también todo en la naturaleza. Aun así, aunque todo fluya constantemente es como si algunas veces hiciéramos todo lo posible para que la fluidez que caracteriza la vida se estanque. Lo que pone en clara evidencia la fragilidad de aquella inteligencia que con orgullo aclama haber comprendido lo que distingue lo civilizado de lo salvaje. Para comenzar a aclarar donde y cuando la fluidez se estanca, hemos de comenzar entonces por dejar constancia que sería un gran error confundir el cultivo de la fluidez original con el mantenerse en un estado ausente de conflictos, puesto que el fluir desde este punto de vista más bien apunta al estado natural de las cosas. Con otras palabras, el estancamiento comienza ya ahí donde la mente es inconsciente del conflicto que lleva intrínsicamente dentro de si misma. Si este punto se aclara, es posible seguir fluyendo y podemos seguir observando el efecto que tiene el dividir la realidad en opuestos para aquello que fluye. De ahí comprendemos que todo lo que la conciencia toca, si no ha aclarado el conflicto básico, se verá de manera opaca, turbia, discriminatoria, lo que hace que la fluidez se estanque. Absolutamente todo, sea la belleza, el talento, la juventud, la vejez, la inteligencia o el talento. Desde este punto de vista de la fluidez, creo que es necesario ahora enfocar nuevamente la culpa y los conflictos que de ella en nombre del bien se generan.

Creo que algo que tiene el poder como para desestancar la comprensión sobre culpa, es enfocar la culpa desde su expresíon más extrema que se revela en su relación con las guerras. Existe una relación evidente e innegalbe entre la culpa y las guerras dado que la culpa es el origen de cualquier guerra al igual que cualquier guerra origina más y más culpa. Una ecuación, transparente e infalible porque verificable y lógica. Con tanta lógica que incluso alcanza para justificar hacer el mal en nombre del bien sin que se vea contradicción alguna. Con tanta infalibilidad que posibilita a la víctima convertirse en verdugo. Como si la vida solo se limitase solo a una visión fragmentada de todo aquello que está aconteciendo en este mismo instante. Para desestancar la situación algo más, para acercarnos algo más a la fluidez original que todo lo comprende quero ser más claro aún: fomentar el colonialismo, fomentar el conflicto cultural, significa fomentar la guerra. Significa reducir la existencia de todos y todo al karma de la culpa y la desgracia de la guerra. Y, es más, quien fomenta este tipo de conflicto enviando a sus adeptos para que cumplan sus órdenes, solo lo hacen para mantenerse al control de lo que está ocurriendo, no por el bien de la vida. Llegando aquí, ¿Aun hay alguien a quien se le ha de recordar, que ante la fluidez original el control no es más que una ilusión efímera? Como sea, quien escuche estas palabras que no diga que no lo sabía, que no diga que lo que está ocurriendo siempre ha tenido, tiene y tendrá por lo menos dos lecturas: una desde la culpa y otra desde la fluidez o para expresarlo con otras palabras: desde el equilibrio. 

Visto desde la fluidez de todo lo que está aconteciendo, no somos solo lo que nos ha ocurrido y nuestra existencia no tiene por qué limitarse a nuestros condicionamientos, pues a la vez, en este mismo instante, somos la más perfecta expresión del equilibrio. Somos la naturaleza original que en todas las direcciones brilla. Está entonces siempre en nuestras manos decidir si damos un paso adelante. Si damos todos un paso adelante permitiendo que el rio que eternamente fluye nos enseñe también su otra cara. Aquel rostro claro y callado que no está ni triste, ni alegre porque nada distrae su paz, ni los cuentos, ni las brisas, ni los colores, ni los perfumes. Tengo la esperanza que seamos capaces de escucharle. El rio que eternamente fluye. 

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