CERTEZA

El cielo azul,

Las olas sobre el mar,

Surjen y se van.

Así como el río, todos los fenómenos ponen constantemente en evidencia que hay fuerzas internas que fluyen en el silencio y que no pueden ser domadas por la inteligencia. Por más perfecto que sea nuestro plan y por más que nosotros creamos que el ser humano en el fondo sea malo y un egoísta, la inteligencia que se autoimpone metas y objetivos siempre ha tenido y tendrá sus límites y deficiencias.  Lo ponen en evidencia las montañas, el cielo, el fuego, el mar y sus olas constantemente, lo reflejan en la manera como nosotros a partir de nuestros propios ojos vemos el mundo y lo interpretamos. ¿Es malo o es bueno, es debilidad o es fuerza, me conviene o no me conviene? Absolutamente todo revela en todo instante si nos movemos en la dirección correcta, si somos capaces de vivir la vida de forma espontanea y amorosa o si por lo contrario vivimos la vida inconscientes del hecho de que lo que vemos fuera en realidad siempre está sucediendo también en lo interno. Por esta razón, tranquilos que ni nadie ni nada podrá encubrir realmente jamás la verdad de este instante, por más convincente que sea la mentira, por más que se diga que la verdad sea solo una cuestión de perspectivas, por más abrumadora que parezca ser la ofensiva autoritaria y por más que nos creamos inmersos en un proyecto distópico. 

Sí, muchas personas son ya conscientes de que siempre estarán ahí las experiencias y sentimientos grabados en nuestro interior que condicionarán nuestra percepción del mundo externo. Aun así, que fácilmente nos perdemos. Convencidos que está bien hacer el mal en nombre del bien en definitiva está bien, hacemos el mal y después nos sorprendemos porque el bien nunca llega. Con el bien refiriéndome a la paz y satisfacción que trae consigo el equilibrio. Que fácilmente nos perdemos cuando en nombre del mañana sacrificamos este mismo momento y perdemos de vista que el mañana siempre será un tiempo ficticio y que el aquí y ahora es el único lugar e instante en el que la vida acontece verdaderamente. Que fácilmente nos perdemos cuando en base a creer haber alcanzado la comprensión correcta juzgamos sobre otros o hasta quizás les increpemos sin darnos cuenta que desde otro punto de vista el otro es sin separación alguna también parte de nuestros mismos. Sobre esta pregunta y sobre la claridad que tanto buscamos en nuestra practica trata el siguiente Koan: 

Cuando el maestro Fuke del distrito Chin entraba en una ciudad solía tocar una campana y decir: 

– Cuando aparece la mente clara, la dejo que sea clara.

Cuando llega la mente obstruida, la dejo ser obstruida.

Cuando llega el viento de todas la direcciones, desde cuatro u ocho direcciones, dejo que sea un torbellino. 

Y si aparece el espacio,

Le golpeare una y otra vez.

Un día el maestro Rinzai le instruyo a un monje a agarrar al maestro Fuke y preguntarle la siguiente pregunta sin que le sea posible moverse: Si ni aparece ni la mente clara ni la mente obstruida ¿qué haces entonces?

El maestro Fuke se liberó del aprieto del monje respondiendo:

– Mañana habrá una cena formal en el templo Dai-Hi. 

Volviendo a donde el maestro Rinzai, el monje le dio la respuesta recibida. 

El maestro Rinzai dijo:

– Yo siempre supe que este no era un monje cualquiera (1)  

Ante la pregunta inicial ¿Dónde nos perdemos? Voy a intentar de ser aún más claro. Donde, así como lo interior con lo exterior, todo está relacionado con todo, nadie puede realmente decir verdaderamente lo que es la realidad. Empleamos palabras para describir la realidad pero la realidad no puede ser limitada por las palabras. Es más, incluso la delusión es parte de la realidad así como las olas son parte del mar. Hablamos de olas por una parte y del mar por el otro, cuando en realidad no hay una sola ola sin el mar, así como tampoco no hay mar sin olas. ¿Dónde nos perdemos? Se puede decir que es en el comportamiento inconsciente pero tambien puede que sea solo en la creencia que es posible cambiar el karma a travez de la voluntad o la inteligencia. Como sea, a la vez hemos de ser tambien gratos pues hay fuerzas intrínsecas de la naturaleza que fluyen en el silencio, que obedecen a sus propias leyes y tienen su propia inteligencia. Como el silencio, como la gravedad, como el equilibrio. 

(1) Según: Shinji Shobogenzo, libro 1, caso 22 – Colección de 301 Koan de Dogen Zenji.

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