
Amanece gris,
Paseo por la orilla,
Un día, dos caras.
Querid@s lector@s, he de reconocer que a principios de este nuevo año me cuesta transmitir un mensaje de esperanza y desear lo mejor de cara del año nuevo sin a la vez expresar mis preocupaciones sobre el rumbo que estamos tomando como civilización humana. Es más, pienso incluso que estaría fuera de lugar, que seria hasta una falta de respeto hacia quien me escucha, silenciar estas preocupaciones como si todos no fuesemos conscientes de que la paz tanto interna como externa es no solo un mismo proceso sino que tambien frágil y que requiere nuestra constante dedicación y todo nuestro esfuerzo. Con otras palabras, creo que ha llegado el momento de dar un paso adelante. Mirando hacia el futuro con alegría y optimismo, sí, pero también asumiendo que para fomentar la paz ya no es suficiente con hacer caras bonitas frente a un juego macabro, que debemos dejar de hacer como si la verdad y la paz no estuviesen estrechamente entre si relacionados y que por lo tanto debemos involucrarnos.
Vivimos en tiempos en los cuales se cuestiona la verdad y se dice que esto tiene varias razones. Hay quienes incluso sostienen que la verdad en si no existe y hablan de que la realidad solo existe dependiendo de la perspectiva desde las cual miramos hacia lo que esta ocurriendo. No voy a entrar en especulaciones sobre sus razones ¿pero debo aun mencionar que, si la verdad se reduce a perspectivas,se está intentando de hacer de la verdad un bien manipulable? Las enseñanzas budistas hablan llegando a este punto de Dukkha – el sufrimiento, que no solo involucra a quien se ve manipulado y engañado, sino que por supuesto también a quien se mantiene en la ilusión de creer que la verdad manipulable sea por una parte la verdad y por otra parte un bien estable que otorgue bienestar duradero.
Querid@s lector@s, asumo entonces que mi mensaje se dirige a personas responsables comprometidas con el despertar de la conciencia que como yo, tomando en cuenta los últimos sucesos sociales creen que la manera más apropiada para comenzar este nuevo año es recordar nuevamente que significa Dukkha. Recordando que vivir la vida desde Dukkha, desde el sufrimiento, es como vivir la vida tratando de sanar en lo externo lo que en realidad está herido en lo interno. Es crear estrategias para vencer a un enemigo externo exponiéndolo, ridiculizándolo, denigrándolo y castigándolo sin darnos cuenta que incluso con cada comparación que hacemos fomentamos el sufrimiento que lleva consigo la creación de la ilusión de lo inferior y lo superior que a la vez nos lleva a percibirnos como separados y no dependientes el uno del otro.
Refresquemos entonces la memoria recordando que todos, tanto amigos como enemigos llevamos una sombra dentro a la cual en el budismo le llamamos sufrimiento. La sombra de vivir con una herida que nunca se cura y que lleva varios nombres. Algunas veces se le llama rabia, otras veces avidez, otras veces ignorancia y muchas veces simplemente miedo. Sí, el miedo al implicar inmediatamente un estado de alerta es también un requisito imprescindible para la supervivencia de todo ser sintiente, lo que ya en si nos indica que hay mas en el miedo. No solo el temor a la posible pérdida, sino que también el posible reconocimiento de que toda herida que se acepta se convierte en medicina. Qué así sea, que sepamos expresar la verdad cuando hay que hacerlo, que no olvidemos que la verdad no es algo que puede ser ocultado por mucho tiempo, que no hagamos punto omiso al hecho que si de verdad existe un enemigo en realidad a este lo llevamos en nosotros mismos y por último que jamás olvidemos que donde hay obstáculos también hay posibilidades al igual como donde hay sombras también siempre hay luz. Estos son mis más sinceros deseos de año nuevo, por el bien de todos los seres que el 2026 nos otorgue a todos la oportunidad se vivir la vida de forma más equilibrada, más saludable, tanto física como mentalmente.
