NORMALIDAD

Año tras año,

Las flores que se abren,

En primavera.

Soledad. Luz. Silencio. Así es como interpretamos frecuentemente la estabilidad que otorga el equilibrio. Como la calma viva y vibrante, como una inquietud serena y paralizada. Como la luna y el sol en un solo astro. Aun así, desde esta perspectiva las cosas nunca son solo blanco o negro. Más bien se ve con claridad el eterno flujo sin cambio alguno de todas las cosas y se comprende porque el otoño contiene en si tanto el verano, el invierno como la primavera. Como un rio que siempre esta fluyendo y cambiando de forma. 

Inevitable, ineludible entonces desde la estabilidad cuestionar nuestra comprensión de la realidad, preguntándonos que es en realidad el equilibrio, que es la salud, o que es lo normal y que es lo correcto. Nada que pueda darse por descontado es frecuentemente nuestra primera respuesta. Nada que tenga que ver con la lógica habitual que tan bien conocemos, la lógica del bien, del más grande, del éxito, del poderoso, que a la vez es también la lógica, del mal, del pequeño, del fracaso, del oprimido. Y es que vista desde el equilibrio la normalidad cobra un nuevo sentido pues lo que es normal se ve con claridad también desde otra perspectiva. Como algo que cambia constantemente, que continuamente se transforma. Como algo en lo cual aquello que habitualmente llamamos “normal” simplemente no existe. Simplemente porque nada se repite y lo que es habitual del todo se ausenta. De esta manera así como no existe la normalidad tampoco existen la anormalidad o la emergencia. Con otras palabras, la excepción se ve como la normalidad y la emergencia como lo habitual y constante.

Con claridad se observa que habitualmente llamamos como normal a algo que nunca ha sido duradero, fijo o estable. Lo que se puede comprobar tanto en este mismo instante como también a lo largo de toda la historia. Es más, podemos observar que aquello a lo llamamos este instante siempre ha sido, es y será un sin número de condiciones que se dan en este especifico momento que a la vez cual acapara en si infinitos elementos y circunstancias. Quien no esté tan familiarizado con la vista de la realidad desde esta perspectiva lo puede comprobar preguntándole a un niño, pues si se le pregunta a los niños que es la realidad lo más probable digan que es un constante asombro. Una constante maravilla. Lo que a la vez significa que no es anormal asombrarse en cuanto a la realidad sino que somos nosotros los cuales en algún momento hemos pasado a comprender la normalidad como algo fijo. Lo que quiere decir que la normalidad en realidad no es una forma incrustada se ver lo que está sucediendo y que es mucho más que la visión fragmentada de la realidad que constantemente esta separando al sujeto del objeto.

Como todo está cambiando constantemente, cuando se observa la normalidad desde la estabilidad que otorga el equilibrio se reconoce también que aunque nada tenga una identidad fija también hay continuidad en el conste flujo. Se reconoce entonces que aunque la identidad cambie constantemente esta tiene importancia, por lo que la normalidad vista como algo siempre nuevo no admite ser irresponsables. Un sitio, un lugar, desde el que nos preguntamos ¿Qué hacer para actuar de manera responsable, de manera equilibrada? O quizás incluso ¿es la liberación del sufrimiento el resultado de algo o acontece la liberación simplemente cuando interrumpimos la historia? Soledad. Luz. Silencio. Si en el silencio no hubiese también ruido, no sería el eterno silencio. Si en la luz no hubiese oscuridad no podríamos percibirla. De la misma manera, si no hubiese compañía en la soledad, la soledad no podría revelarnos la verdad que la normalidad habitualmente tan deficientemente oculta. 

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