MOVIMIENTO

Paso a paso,

Al subir la montaña,

Una sombrilla.

Quizás nos cueste asumir nuestras sombras porque en el fondo imaginamos el vacío como un abismo oscuro. Un abismo eterno sin nombre ni tiempo y en el que todo se hunde. Como si la noche estuviese siempre de luto. Sin un dulzor, sin el crepúsculo. Como si todo fuese sin colores, como si todo solo fuese blanco y negro. La noche fría y sin estrellas. Los colores como si no solo estuviesen escondidos y en esta oscuridad no hubiese movimiento. Si, es difícil cuando se nos obliga a poner líneas fronterizas para protegernos a nosotros mismos porque sentimos que en la oscuridad hay sombras al asecho. Es difícil cuando la injusticia es tan ovia y queremos ayudar pero no podemos porque sentimos que la norma no nos lo permite. Todo esto es perfectamente comprensible, aun así, esto no quita que ante una situación que a la larga se presenta como explosiva, hemos de encontrar lo antes posible una salida curativa. Y por cierto, la alternativa no puede ser entregar nuestra libertad y nuestras visiones que son los derechos y visiones de todos al mismo tiempo, a cambio de ser aceptados y reconocidos.

Cuando se ve el mundo sin movimiento y fragmentado, la verdadera sombra es mantenerse en una situación como el observador que tiene la atención siempre dirigida hacia afuera. Con la atención siempre en búsqueda de aprobación y reconocimiento y que por eso cuando se implica ante una situacíon que así lo exige, no lo hace verdaderamente. Y es que mantener al atención siempre dirigida hacia el mundo externo implica también mantenerse envuelto en infinitos ciclos de palabras y conceptos. Si, con otras palabras, el amor verdadero pasa por quererse, respetarse y cuidar de uno mismo, dado que esto es lo que da paso a aceptar  tantos los altos como los bajos, la claridad como las sombras, a los otros como a mí mismo para llegar a una comprensión más vasta. A la comprensión de que el movimiento original está antes de que la mente se mueva lo que a la vez abre las puertas para comprender que el problema fundamental que en realidad tenemos en el fondo consiste en nuestro alejamiento de nuestra propia naturaleza. Algo que solo se ve con claridad cuando cesan las ilusiones creadas por el movimiento de la conciencia que constantemente discrimina. 

En la presencia más allá de la mente que discrimina, está el movimiento original. El movimiento del cual todo proviene, aquel movimiento sin fisura alguna y que todo lo une. El movimiento sin comienzo y sin fin, el movimiento en el cual la distinción entre el yo y los otros está ausente. Es desde aquí donde se ve con claridad como se manifiesta el alejamiento de la verdadera naturaleza. Al suponer por ejemplo que el fin justifica los medios. Para decirlo más claro, el suponer que el fin justifica los métodos no solo implica introducir conceptos morales y por lo tanto dualistas sino que también fomentar la ilusión del tiempo que separa entre un antes, ahora y un posible después. Ahora, está claro que vivir completamente en equilibrio no siempre será posible aun así, y esto si es importante, el movimiento original siempre está ahí lo que significa que podemos refrescar una y otra vez la memoria, volviendo una y otra vez a casa. 

Buda Shakyamuni, de quien en el mes de febrero se conmemora su fallecimiento, dice en el Paranirvana Sutra: “Todos los seres tienen completa e íntegramente la naturaleza de Buda. El Tathagata está siempre presente, sin cambio alguno”. A primera vista hay aparentemente una contradicción entre estas últimas palabras del Buda y su enseñanza sobre la impermanencia que dice que todo cambia constantemente.  Una contradicción que se diluye si comprendemos el aquí y ahora de una manera diferente. Como un espacio de encuentro. Un espacio tiempo, más que físico, una cualidad de aceptación y de conexión entre todos los fenómenos. Una comprensión que por otra parte también otorga la oportunidad para imaginar una situación más saludable y por lo tanto curativa a la que está viviendo el mundo actualmente. El vacío es un abismo oscuro en el que los colores solo se esconden. En el que el tiempo se hunde, no porque el vacío se lo traga sino que solo porque no existe. Por esta razón tambien la noche solo viste de negro para dar reposo y porque es la otra cara del día. Tampoco es verdad que en ella, la noche, el dulzor y el crepúsculo se ausenten, pues los colores no solo que estén presentes pero escondidos, sino que también están constantemente en movimiento. 

Marcar el Enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *