
Luz, oscuridad,
Dando paso a paso,
Hasta la cima.
Así, como en los tonos, los colores y las formas también en nuestros pensamientos y en nuestras experiencias la contraposición permite discernir las diferencias. Y es que las estrellas no se ven cuando el sol las ilumina, como tampoco se reconoce el fondo del mar cuando la noche está oscura. Oseá que sí, las diferencias existen y son reales y la unidad no significa precisamente que todo tenga que ser uniforme, pues que las diferencias existan no tiene porque significar que las diferencias se opongan. Más bien se condicionan. Como lo estatico que se persive a través del movimiento, lo lejano con la cercanía, lo claro por medio de lo oscuro y lo puro en lo impuro. Aun así sentimos y pensamos las diferencias como opuestos y les llamamos contrapuestos. ¿A quien le sorprende así que a algo que no tiene tiene complicación alguna le llamemos complejo, qué a algo profundamente conetectado con todo lo veamos como aislado y que a lo que en realidad sea innegablemente parte de nosotros lleguemos a detestarle?
Llevamos una contradicción dentro de nosotros que no la vemos pero que con claridad se aprecia en los contrastes. Una contradicción que en los contrastes indica con claridad que no es que las generaciones anteriores con el individualismo nos hayan dejado una mala herencia, que no es el individualismo el responsable por la poca solidaridad que hoy se puede observar en nuestras sociedades sino que es nuestra confusión en cuanto a las diferencias. Una confusión que impide relacionarnos unos con otros de manera saludable, que sugiere imprevisibilidad e inseguridad y con esta temor en cuanto al futuro.
Aquí es donde hoy nos encontramos. En una relación extraña en cuanto al pasado, confusa en cuanto al presente e insegura en cuanto al futuro se refiere. Culpamos a las generaciones pasadas, buscamos salvación en propuestas autoritarias y le tememos al futuro. Podriamos concluir que nos consume la ignorancia. Que nos puede la amnesia colectiva. Si no fuese que la claridad, estuviese siempre justo frente de nuestros ojos. Desde ahí: ¿Qué sentido tendría querernos ignorantes, groseros y ansiosos?. No lo creo que sea eso porque no seria solo un crimen, sería un sin sentido. En la claridad esto se ve sin obstrucción alguna. La claridad que puede otorgar un solo momento de silencio absoluto. Aquel silencio que hace sentir, ver, experimentar y comprender que no hay opuestos en las diferencias y que de esta manera disuelve todo lo confuso: no hay porque querer mantener a nadie atrapado, no hay porque querer imponer obediencia, no hay porque querer mantener a nadie ignorante, no hay porque querer tener dominio sobre otros, como tampoco hay porque tenerle miedo al futuro y sus nuevas tecnologías. Solo ser conscientes de que la objetividad y la subjetividad no se contraponen si no que constantemente se condicionan mutuamente. Así, quizas sea este el próximo paso que deba dar la ciencia verdaderamente, admitir y considerar la subjetividad que siempre está condicionando lo objetivo.
En los contrastes claramente se pueden ver las diferencias. Se puede experimentar, ver, sentir y comprender que las diferencias no se oponen sino que se complementan. En los contrastes se puede reconocer que incluso la complexidad no es ni fácil ni difícil, no es ni compleja ni simple, ni grande ni pequeña, ni superficial ni profunda sino que en todas las direcciones una expresión de la conexión que existe constantemente entre todo. Esta es también la razon por la cual la memoria resurge justamente en los momentos de la más profunda confusión, pues la ilusión y la realidad también contrastan. Del mismo modo es aquí donde también la historia pierde ese sentido unidireccional de pasado-presente-futuro que siempre le adjudicamos poniendo en evidencia que así como la realidad condiciona la memoria también la memoria moldea la realidad en la que vivimos. No, no es aconsejable querer darle vuelta al tiempo por miedo a lo que viene. Es más, no es ni necesario como tampoco es posible. Solo hemos de darnos cuenta: en realidad no hay contradicción alguna entre las diferencias.
