CERCANÍA

Bajo el cielo,

Un gran volcán se alza,

Con copa blanca.

Hay quien cree que cuando todo alrededor nuestro es una patraña, todo está perdido. Que solo resta la distopía, solo queda la especulación, la desesperación, o el abismo. Como si tras el despertar a la realidad tal y como es todo se limitase a nuestra capacidad de ver el vaso medio lleno o medio vacío. Pero lo cierto es que justo ahí donde se pierden los valores, si estos son auténticos, es donde más cerca estamos de reencontrarlos con nosotros mismos. En este sentido, nunca nada está verdaderamente perdido, pues la luna seguirá dando vueltas alrededor de la tierra, el día seguirá encontrándose con la noche por la madrugada, el otoño seguirá siendo el sucesor del verano y la palabra continuará dándole sentido a lo desconocido.   

Las patrañas son entonces no otra cosa que el ámbito en el cual el despertar acontece. Esto nunca ha sido ni será diferente, aun así debo confesar que como a los falsos amigos, o como las decepciones, a las mentiras no les guardo rencor pero tampoco ni simpatía ni cariño. Quizás sea porque las mentiras así como mantienen la verdad a distancia, también imposibilitan que el encuentro real acontezca. Es decir, es necesario siempre mantener presente cual es la autentica esencia del labirinto de la mente, cuáles son sus trucos y cuando hemos de concederle solo nuestra ausencia. No, no está bien querer imponer la emoción sobre la razón en un mundo en el cual el equilibrio entre la razón y la emoción posibilita la coexistencia. No está bien tomar una creencia o a la religión, que en si representa la rendición absoluta de la racionalidad ante la emoción, como excusa para excluir, discriminar, perseguir o castigar a personas que piensan, creen o sienten diferente. Esa quimera del dominio de unos sobre otros ya la conocemos muy minuciosa y detalladamente y nadie puede verdaderamente querer repetirla. En este sentido, una vez más y explícitamente: no, no es la intención de la práctica del Zen querer reemplazar la razón, la ley o el orden social y ético existente. Es más, la práctica del Zen, su orden original, su disciplina genuina, su compasión, están para preservar y cultivar la diversidad que es la esencia de la realidad misma. 

¿Somos seres racionales o seres emocionales? Quizás esté la razón más cerca de la emoción de lo pensamos y quizás sea justo el asumir la separación entre ambos como obvia lo que nos impide dar un paso adelante. Y es que no aceptar la emoción existente en la razón es impedir que la energía vital fluya libremente y por lo tanto se encuentra más cerca de la autorrepresión que de la superación de la aparente brecha entre el objeto y el sujeto. Con otras palabras mientras exista una separación entre la racionalidad y la emoción siempre seguiremos utilizando la razón para justificar nuestras emociones. Llegando aquí ¿qué está entonces más cerca, la compasión o la barbarie?. 

Mientras nosotros no nos decidimos si somos seres racionales o seres emocionales la inteligencia artificial ha dejado de ser un mero instrumento para convertirse cada vez más rápido en una inteligencia que fluidamente se va adaptando a una realidad constantente cambiante. Mientras no nos decidimos si somos seres racionales o seres emocionales el cambio climático provocado por el ser humano amenaza cada vez más el equilibrio de la vida sobre el planeta. ¿Debe o no preocuparnos? ¿Debemos o no involucrarnos? Ahí donde se pierden los valores, si estos son auténticos también es posible reencontrarlos. Nunca nada esta verdaderamente perdido, todo está tanto lejos como cercano. ¿Vemos el vaso medio lleno o medio vacío? Como sea, en primavera la flores continuaran floreciendo, en verano las frutas seguirán madurando, el otoño las hojas seguirán cayendo, en invierno seguirá reinando el silencio y en primavera todo comenzara de nuevo un nuevo ciclo. 

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