
Sobre el agua,
Se alza la montaña,
Con su reflejo.
¿Qué sentido tiene anhelar las estrellas que iluminan en la oscuridad de una noche profunda mientras que la luna brilla y las nubes pasan? ¿Qué sentido tiene querer llevarse todas las flores de un campo por querer quedarse con la belleza del paisaje? ¿Qué sentido tiene invidiar al viento por su don de poder alcanzar todas las cosas y mantener su libertad al no tener que poseer nada en concreto? Le pregunto nuevamente a la inteligencia artificial y su respuesta no me parece congruente. No, la certeza puede ser el opuesto de la ambigüedad, como tampoco el doble sentido obstruye la claridad, la precisión, la lucidez o la certeza.
Al parecer aceptar la ambigüedad de la realidad nos puso y nos pone ante serios problemas y testigo de ello no son solo las conquistas y las guerras del pasado, sino que también las fábricas, las prisiones y los manicomios de la modernidad como ya lo menciona Foucault en sus escritos. Como también son testigo de ello los ideales de belleza, los malls, la industria, la economía y por supuesto también el enfoque que se le da hoy en día a la ciencia. Decimos que el dato ha reemplazado al mito, la teoría a la fantasía y la predicción a la profecía y hacemos de la racionalidad nuestro nuevo credo y este hecho nos lleva a incalculables problemas. Reflejo de ello son los datos que se capitalizan de manera privada y que a la vez condicionan cada vez más nuestra vida privada. Como también los algoritmos que tienden substituir las experiencias verdaderamente compartidas por emociones que son el resultado de encuentros ficticios. Con otras palabras, el patrón de conducta reduccionista se repite pues la sustitución de aquello que identificamos por irracional por lo racional también tiene sus consecuencias. Especialmente en tiempos en los cuales se pone en dicha lo que significa ser sincero, en los cuales se encubre la verdad con tal de sacar provecho, el problema se magnifica.
En la práctica del zen uno de los elementos más importantes es la sinceridad con la que practicamos. Tanto es así que anteponemos la práctica a la teoría ya por la simple razón que la teoría sin practica siempre está orientada por la búsqueda de provecho. Ósea que anteponemos la práctica a la teoría he incluso dejamos que esta práctica que siempre está relacionada con la postura, con la respiración y con el instante presente nos guie pues entendemos que sentarnos con no mas objetivo que sentarnos por sentarnos, inevitablemente nos llevara a indagar en la realidad y nos llevara más allá de cualquier dogma, filosofía, meros rituales o normas. Es de esta manera que la práctica nos hace comprender que aquello que llamamos racional en realidad está estrechamente relacionado con la emoción, que lo racional y lo emocional se compenetran y que este proceso racional emocional en si está en directa conexión con todo con lo que le rodea, con las circunstancias que le influyen, que lo forman y moldean. Me pregunto si no sería este un verdadero paso adelante. La aceptación de lo ambiguo y el respectivo cambio de conducta al respecto, sobre en la ciencia nos llevaría a un avance que por una parte considera el contenido subjetivo que toda investigación por objetiva que aclame ser siempre conlleva y por otra parte tendría siempre también en consideración la conexión que existe con todo lo que le rodea. ¿Somo seres emocionales? Sí, los somos. ¿Somos seres racionales? Sí, también lo somos. Es más voy a intentar ser lo más sincero posible ¿no sería una ilusión o hasta un intento de fraude, si no admitiésemos el carácter ambiguo, tanto racional como emocional, de todo resultado, de todo dato?
La sinceridad no puede ser un concepto un concepto único o fijo. Tiene que tener en cuenta tanto nuestros acondicionamientos como el que la realidad en la que vivimos está siempre cambiando. ¿Qué sentido tiene decidir entre la abundancia del verano, los arboles deslumbrantes del otoño, el silencio del invierno y los caminos interiores de la primavera? ¿Qué sentido tiene escoger entre la montaña y el campo ante la sombra y frescura que puede dar un árbol en un día soleado? Asimismo qué sentido tiene querer volar siempre más alto si el valle se ha quedado desierto?
