SEXO, AMOR Y ZEN

Debo confesar que hay muchos días en los cuales la vida me parece ser un sueño. Un sueño fugaz en cual el presente es una estación entre el pasado y el porvenir. Un paradero de esperanza en espera por la felicidad.

En días en los cuales la vida me parece ser un sueño, sobretodo me llaman la atención los pensamientos centrados en mi opinión individual. Constantemente estoy juzgando, valorando, opinando o quejándome de que algo no esta del todo bien. Y esto especialmente si se trata de temas como el amor, la pasión o el día de San Valentín. Por lo general para el día de San Valentín digo: “!No me gusta este día!”. O tal vez diga: “El día de San Valentín en si me gusta, pero no aquello que se hace de el. ¡Todos esos corazones por ahí!. ¡Corazones de plástico, corazones de chocolate y hasta corazones de metal. En todos los colores, en todos los tamaños, con y sin gusto!”. Tal vez sea esta la razón porque para el día de San Valentín frecuentemente el sueño se convierta en pesadilla para mi y porque siempre tenga la sensación que este año el día de los enamorados se festeja como en ninguna ocasión anterior. Y es que lo que más me molesta de todo esto, no es que se celebre el amor, sino la imagen que se vende cual propaga que el amor es igual a la pasión.

En días en los cuales la vida me parece ser un sueño, me molesta el ideal que hace del amor una pasión. Porque además debo confesar que nunca me han interesado las ideologías. Incluso ni el Budismo si se entendiese este solo como un Ismo. La única y real razón que me han conducido a la vía del Buda, siempre ha sido la inmaculada realidad. Lo que hago ahora, en este instante, con mi cuerpo y mente, cuando como, cuando pienso y cuando amo. Solo eso.

¿Que es la inmaculada realidad? me pregunto algunas veces en mi sueño. ¿Es la inmaculada realidad la actividad mental? ¿Será esta tal vez una tela infinita de pensamientos o más bien un océano de conceptos e imágenes, donde las palabras siguen a las emociones, como las olas agitadas por el viento? Como el océano. Eso se escucha bien. Suena a frescura, a libertad, a infinito y cubre así hasta mis mas profundos anhelos. De todas maneras mejor que una tela. Una tela no puede ser igual a la libertad, ya que tal como lo aprendí en mi niñez las telas son tejidas por las arañas y eso nada puede tener que ver con la libertad. Observo mis pensamientos y me doy cuenta que así como vemos la realidad es una cuestión de la perspectiva que tomamos con nuestra actividad mental. Sea bello o feo, bueno o nefasto, los pensamientos son algo que hasta cierto punto puedo guiar. Aun así, sigue habiendo una pregunta abierta detrás del telón: si mis pensamientos son tan libres como creo que lo son ¿por qué dependen estos de una perspectiva?. Esta conclusión me hace dudar ya que noto que sigue habiendo un ideal romántico ahí detrás y sobretodo hay ahí un sujeto que no deja de separar entre si y el mundo que cree ser exterior.

En días en los cuales la vida me parece ser un sueño, cuando digo “no me gusta el día de San Valentín” me encuentro con la voz de Buda que me dice: “mientras digas “me gusta el día de los enamorados” o “no me gusta el día de San Valentín”, siempre te estarás alejando de lo que es la verdadera realidad”. Paro. Sigo esta enseñanza y me doy cuanta que el hecho que no me guste el día de los enamorados se debe a una experiencia hecha en el pasado y esta experiencia hecha en el pasado me esta impidiendo ver el ahora tal y como es. Así es como decido soltar el pasado y hago un esfuerzo proponiendome comprarle a mi pareja para el próximo día de San Valentín un enorme corazón rojo y un ramo de flores además. Que sorpresa me llevo cuando en el mismo instante que tomo la decisión, reconozco que en la inmaculada realidad, las ilusiones y los apegos son las olas del mar.

En días en los cuales la vida me parece ser un sueño me confío a las enseñanzas de Buda. Y observo. Y llego a la conclusión que en el Budismo la pasión y la espiritualidad no se contradicen entre si. La pasión y la sexualidad no son ni buenas ni malas sino que instintos naturales de nuestra especie. No podemos negarles ni podemos deshacernos de ellos y es más: si queremos seguir el Dharma seria error hacerlo. ¿Será esta la razón por la cual en el Budismo Zen tantos sacerdotes viven casados o porque hay completa abertura en cuanto a la homosexualidad? No lo se. Tal vez sea lo más importante vivir en aquel lugar que trasciende el tiempo. Ahí donde el hombre y la mujer no se pierden en el amor o en la pasión. Ahí donde la flor del loto abre sus pétalos y florece sin que le importe nuestra admiracíon.

En días en los cuales la vida me parece ser un sueño existen en la Vía del Buda los preceptos. Recomendaciones como aquellas que dicen “no practicar una mala sexualidad”. ¿Pero que significa una “mala” sexualidad? ¿Se refiere la palabra “mala” al posible sufrimiento que uno le puede provocar a otros o a si mismo?. ¿O se refiere la palabra “mala” a la actitud mental con la que llevamos acabo toda actividad? Porque practicamos plena presencia en cualquier actividad como lo es también la sexualidad, cuando el objeto y el sujeto son uno, tenemos un acceso natural a la verdadera esencia de la realidad. ¿Verdad?.

En días en los cuales la vida me parece ser un sueño también hay momentos en los cuales vivo de instante a instante. Momentos en los cuales todo instante es una gota en el infinito océano de la vida que es una gota a la vez. En momentos como estos, en los cuales todo instante es una gota del océano de la vida, algunas veces tengo la certidumbre que mis ilusiones son el océano de la inmaculada realidad. Por un momento veo entonces en medio del sueño la realidad. Y veo que sin el sueño no existe la realidad. En momentos como estos la pasión y el amor son uno y se les llama compasión.

Bookmark the permalink.

2 Responses to SEXO, AMOR Y ZEN

  1. m says:

    maravillosamente reconfortante oir esto de un corazon de luz y amor

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *