SEPTIEMBRE

La adversidad.

Y la flor despliega su,

Luminosidad.

 

Todo está en paz. El viento que gira y gira y nunca para. La montaña que permanece tranquila a pesar de la noche y el frío que se alterna con el calor que trae el día consigo. Las aves que cambian constantemente de dirección y que se dejan llevar solo por el impulso, solo por su instinto. Vuelan para arriba, vuelan para abajo, a la derecha, a la izquierda alternando la dirección aparentemente fuera de control, imprevisibles, pero siempre en sintonía con todo lo que sucede a su alrededor. Como la palabra en la cual no hay discriminación. Como el silencio. Se dejan llevar solo por su vuelo, perdiendo una y otra vez el rumbo, reencontrándose una y otra vez con su destino.

Llega septiembre y en Chile, en este país estrecho que se desliza entre el océano y la cordillera se puede observar como el silencio cambia abrupto su aspecto. Es el mes de las emociones, es el mes de la palabra. Es el mes en el cual los ancestros resucitan para refrescar nuestra memoria, para festejar con nosotros el presente y para razonar sobre el futuro. Y es que septiembre en Chile es el mes de la esperanza: No. El universalismo no está muerto. El universalismo que se comprende como una unidad compuesta por muchas y diferentes unidades no puede morir. No puede padecer, simplemente porque es el orden original. Es el punto de partida y el punto de llegada a la vez. Esto desde la tranquilidad es algo que puede verse con toda claridad: es completamente legitimo querer el sitio de donde uno es. Es como con el amor o la compasión que tarde o temprano nos dan a entender que no es posible tener compasión por los otros sin tener compasión por uno mismo y a la vez que no es posible amarse a si mismo sin amar a los demás. Algunas veces me he preguntado ¿como hemos llegado a pensar que el universalismo es algo que pueda dar marcha atrás, que pueda retroceder o que incluso pueda acabar? o ¿porque sentimos el universalismo como un peligro o una amenaza para nuestra identidad?. Y me doy cuenta que mientras haya juicio en la palabra siempre habrá confusión. Una de estas palabras puede ser el termino “multicultural”. Muchos entienden bajo el concepto de la multiculturalidad un proceso básicamente enriquecedor, un fiel reflejo del progreso, la cara buena de la globalización. Pero para otros la multiculturalidad es un peligro que cuestiona los valores básicos de la sociedad o que pone en duda el legado ancestral. Así es como tarde o temprano llega el momento de aclarar: la multiculturalidad no puede ser una forma de colonialismo más. Así es como el universalismo queda cuestionado aunque la interacción entre las culturas y la migración desde siempre hayan sido procesos innegables e incluso imprescindibles para el progreso de toda sociedad. Y así es también como los términos y la ideas llegan a un fin. Los paradigmas cambian, relevamos las palabras antiguas por nuevos conceptos que respondan mejor a las necesidades de la sociedad actual. Substituimos por ejemplo el termino de la multiculturalidad por el de la interculturalidad. Una palabra que enfoca la atención más bien en el intercambio, en el punto de encuentro entre las culturas dando espacio para cada cultura pueda conservar su identidad en vez de perderse en la mezcla o en la alineación. Una palabra que vuelve a hacer posible la expresión de la universalidad. Hasta que nuevamente llegue el momento de descolonizar ahora también la palabra interculturalidad. Hasta que llegue el momento de descolonizar incluso la palabra „descolonizar“. Osea que si, las condiciones externas existen, pero también están las condiciones en nuestro interior. Con otras palabras el autoritarismo, el sectarismo, el colonialismo, el patriarcado y la desigualdad social son términos que solo pueden ser cuestionados de verdad si los cuestionamos también en nuestro propio interior y este es un proceso que no puede tener ni principio ni fin.

Septiembre en Chile es un mes muy especial. Es como si en este mes que despide el invierno y llega la primavera el tiempo lineal se parase por unos cuantos días. Aparece la historia, aparece el presente y se manifiesta el futuro más allá de cualquiera frontera. En estos momentos no estoy en Chile y aun así a pesar de la distancia le tengo muy presente. He vivido casi toda mi vida en el exilio pero nada lo puede separar a uno de su país natal. No, el universalismo no ha muerto pues el universalismo no puede morir. Cambia de aspecto constantemente sin que nadie le pueda atrapar. Algunas veces es un ave, otras un mosquito, otras veces es un pez y ni el ave ni el pez ni el mosquito saben lo que significa retroceder. El retroceso no pertenece ni al volar ni al nadar. Es más, la aves no vuelan solo hacen lo que les es natural. Al igual que los peces. Los peces no nadan, los peces viven en el mar, son el mar se mueven con el mar. En manadas, en soledad, en la superficie, en las profundidades del mar, incluso hay peces que llegan a volar ¿pero retroceder? retroceder jamas. Y es que el retroceso es un concepto que pertenece al pensamiento en el cual el antes está separado del después. Al igual que el avanzar, el progresar o el superar. Bienvenidos a septiembre, el mes de la esperanza, el mes en el que todo es posible: el luto, la tristeza, pero también la paz y la reconciliación.

Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *